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CRISOL DE RECUERDOS LA FACULTAD DE VALENCIA, GLORIA DE LA MEDICINA ESPAÑOLA H ABLAR de Valencia, es decir, de la ciudad del sol y de la luz, jardín de deleites, como la llamaba Diago, ver, gel de amenidades, como decía Conde; recordar a Valencia es soiíar marjales y lagos, naranjales perfumados de azahar y de nardo, flores bellísimas de colores mil. Y hablar de sus hombres es comentar a músicos, poetas, pintores, literatos y artistas; inquietudes, espíritus ardientes, imaginaciones fecundas y vivas. Es regla general que a los visitahtes de la ciudad, cegados por esta luz, adormecidos por el ambiente, no les interese conocer la Uni versidad, ese bendito lugar de la calle de la Nave en cuyo patio la figura de Luis Vives, protege a escolares y maestros y les invita a la meditación y al estudio sereno. Es, sin embargo, sitio rico en hallazgos y en admiraciones emocionales y artísticas, contrariamente a lo que sucede con la vieja Facultad de Medicina, obscuro caserón que nada dice, sin pórtico ni fachada, sin inscripciones que recuerden sus brillantes orígenes, sus triunfos, sus maestros, su cultura floreciente y su radiante y antiquísima historia. A n t i q u í s i m a sí, puesto que en Valencia- -cuenta E s t r abón- los pueblos primitivos rendían culto especial a Apolo como dios de la Medicina; y durante la dominación romana, se fundaron aqtií templos a los dioses mé licos, como los de Diana, en Murviedro y Denia. el de Pan, en Benicarló, y el consagi- ado a Esculapio en la capital, que se veneró en el mismo sitio qué hoy ocupa Nuestra Señora de los Desamparados. Cuidadosos de la higiene pública en este período, baños, fuentes, caminos, cloacas, etcétera, c o m p e t í a n con las que Tarquino Risco hizo construir en Roma, siguiendo los pasos de los que mucho antes, en las Constituciones de Denia, dictaban leyes higiénicas referentes a vestidos y alimentos, a la corrupción del aire, a los daños del vino y cuya perfección sirvió también, según el historiador Peset, de grande enseñanza al célebre griego Alejandro de Tralles. Ya en 1239, el rey Jaime I se ocupa con clara visión, en los fueros de Valencia, de los problemas que afectan a la salud pública, sumideros y canales para a a s residuarias, venta de carnes, falsificación de alimentos, reglamentación de mancebías y burdeles, promulgando sabias medidas contra el intrusismo y haciendo entrar por cauces lega-