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Con motivo de la leche y de los huevos no sólo tenemos que hablar de los casos en los que se les rehuye, sino que hay otros cuantos en los que, con igual perjuicio para el enfermo, se les prodiga. Todos los días vemos alg- ún pobre tuberculoso, al que con el buen deseo de mejorar su alimentación se le administran diariamente seis, ocho, diez y hasta veinte huevos, concluyendo por ocasionarle trastornos di. g estivos, a veces irreparables. Son casi siempre perjudiciales esos vasos de leche (todavía peor con yemas) que las esposas, las madres o las hijas cariñosas, propinan a sus respectivos familiares durante la noche, con objeto de suplir una alimentación que se considera insuficiente. Ni uno ni otro extremo. Los alimentos que nos ocupan son útilísimos, pero deben usarse debidamente. Como todo el mundo sabe, la leche es un alimento completo, lo que quiere decir que lleva todos los elementos necesarios para la vida. Así se explica que todos los mamíferos, desde el ratón hasta el hombre, puedan vivir días, meses y hasta años, alimentándose, sólo con ella. La leche contiene albúminas (hoy se dice prótidos) como también la carne, el maíz, el trigo, etc. Las albúminas de la leche tienen la enorme vetitaja, sobre las de otros alimentos, de que al desintegrarse en sus componentes más pequeños (aminoácidos) dejan en libertad algunos indispensables para la vida y que los otros alimentos no poseen en la misma proporción, ni con la misma variedad. Recordemos los que llevan los nombres de triptofano, lisina, arginina, etc. A estos elementos se debe el que ratas de cuatro semanas puedan vivir con pan y leche y no vivan con pan y patatas, ni con pan y nabos, ni siquiera con pan y carne. La leche contiene también grasas (lipidos) que por estar emulsionadas son fáciles de digerir. La leche contiene también substancias minerales, indispensables en la alimentación, como son el agua, y formando parte de distintas sales, el cloro, sodio, potasio, magnesio, calcio, fósforo, azufre, etc. Es pobre en hierro: y- en cobre (hoy se da más importancia a este que a aquel) en el recién nacido esta falta se encuentra compensada por las reservas que trae el hígado al nacer. En el adulto, y aun en los últimos meses de la lactancia, se puede suplir esta deficiencia dando alguna yema de huevo o harina de trigo, prefiriendo la harina fresca, comprada en la panadería, a la harina de lata. Agreguemos que el precioso alimento que nos ocupa lleva toda clase de vitaminas desde la A hasta la E algunas de ellas en cantidades mínimas, pero suficientes cuando se tqma la leche en gran cantidad o para completar las de otros alimentos cuando se asocia con ellos. Tiene así mismo fermentos capaces de ayudar a digerir otros alimentos. Los huevos son tanbién muy ricos en albúminas, muv digestibles; llevan grasa en gran cantidad también fácilmente aprovechable; contienen dos compuestos minerales, indispensables para la vida: fósforo y hierro, en combinaciones orgánicas de fácil asimilación, y las vitaminas A y D. Nos hemos detenido en estas consideraciones, quizá un poco pesadas, para justificar y concluir que los huevos y la leche son aumentos indispensables, casi insustituibles, sobre todo en los primeros años de la vida, en esa edad en que por desgracia, nmchos niños no los toman por miedo a una pretendida acetonemia. Esta existe y en muchos casos puede justificar la reducción de estos alimentos, pero son muy pocos aquellos en los que es necesaria una supresión prolongada. Los niños tienen acetona en la orina, de una manera transitoria, siempre que tienen una indigestión. Pasados unos días desaparece y el niño puede comer de todo. Recuerdo varios casos de madres que me trajeron sus hijos, escuálidos, consumidos, a quienes no daban otro alimento más que harinas de lata preparadas con agua y pechuga de pollo, con un horror indescriptible a la leche, a los huevos y a un caldo que no fuera el famoso caldo de verduras. Fué suficiente el empleo de una alimentación variada de sopas o purés, hechos con un caldo agradable o con leche, de huevos en tortilla, en la sopa o en crema, pan con mantequilla y miel, alguna fruta fresca y pescados y carne en cantidades variables, según la edad, para que el niño reviviera y renunciara a sus harinas de lata y a sus tónicos, todo a veces preconizado por una nurse, schwester o mademoiselle, insustituibles, por lo demás, para enseñar sus respectivos idiomas. En el distrito de Lanarkshire (Escocia) se hizo el experimento de estudiar los efectos de la administración diaria de medio litro de leche a varios miles de niños, entre cinco y doce años de edad; el resultado fué el de un mayor aumento en la talla y en el peso, y un mayor rendimiento en el trabajo, en comparación con otros miles de niños que recibieron una alimentación, también completa, pero sin leche. Los japoneses siempre dispuestos a asimilarse todo progreso europeo, han comprobado estos hechos agregando que los niños que tomaban leche se sentían más alegres 3- felices (cheerfíill and happy- -el artículo está publicado en inglés) ¿Qué sorpresas nos tendrá reservada la ciencia de la alimentación? Mientras llegan estos tiempos, más o menos felices, hagamos todo lo posible por que la alimentación sea más racional, siendo más variada, en los que se pueden permitir e! lujo de esta variedad. Esforcémonos, al mismo tiempo, por conseguir que esto deje algún día de ser un lujo y que todos los seres humanos puedan, por lo menos, comer lo que es necesario para vivir; entonces daremos pruebas de que es verdad f ue todos somos hermanos. T. Hernando.