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ALGUNOS ERRORES EN LA ALIMENTACIÓN DE SANOS Y ENFERMOS L tema es demasiado amplio y no fácil su desarrollo en un articulo breve, de i j divulgación. No creo, sin embargo, que carezca de interés, aunque sólo se trate parcialmente, pues en nada existen tantos errores como en todo lo que se relaciona con la alimentación humana. Por hoy me limitaré a criticar la prevención, a veces verdadero terror, que sienten muchos contra dos de nuestros mejores alimentos: la leche y los huevos. Aunque parezca raro esta actitud es hija de la moda. No seré yo el que critique la moda; me) arece conveniente y la creo útil hasta en Ía ciencia: cuando un problema se pone de moda los muchos trabajadores que se consagran a su estudio concluyen por depurarle y logran que al fin quede lo que haya de verdadero o de útil. Admisible la moda en todo parece imposible, cuando menos extraño, que exista en las enfermedades. Pero hay que reconocer que esta moda existe. Nadie que se estime en algo considera que puede padecer una tuberculosis, na úlcera del estómago o una lesión medular, y no digo ya una enfermedad mental. En cambio, muchos obstentan, casi con orgullo, una hipertensión, una colitis o una diabetes, y dentro de la contrariedad que sienten, estiman no ser de mal tono que su hijo sufra de vómitos acetonémicos o de insuficiencia hepática. Fundándose en la frecuencia real o su- puesta de estas enfermedades y apoyados en los consejos de algún médico extranjero, que también se puso de moda, algunos se limitan a comer fideos con agua, harinas comerciales y un poco de pollo cocido o asado, al mismo tiempo que declaran guerra sin cuartel a dos alimentos excelentes, muchas veces insustituibles, indispensables en los primeros años de la vida y útiles en todas las edades: la leche y los huevos. Es indudable que en algunas casos, muy pocos, por intolerancia especial, habrá que suprimir o reducir el uso de uno u otro de estos alimentos. Hay algunos enfermos con cólicos hepáticos, muy sensibles para los huevos, pero en cambio, otros pueden soportarlos perfectamente y un huevo diario es un buen alimento, que permite incluso un mejor vaciamiento de la vesícula biliar. Es más, en los pacientes que tienen una lesión del mismo hígado, se considera, recientemente, que la lecitina que llevan los huevos puede ser un remedio útil que defienda la célula hepática contra los venenos o los microbios. Los mismos eolíticos soportan muchas veces bien los huevos. La leche, mal tolerada por algunos eolíticos, sobre todo en fases agudas, puede en otros ser útil, especialmente asociada a los feculentos. En los enfermos del hígado, tomada con moderación, facilita la eliminación de bilis y por el calcio que lleva mejora el funcionamiento de aquél órgano.