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portadores de gérmenes, tanto más peligrosos cuanto que la ausencia de a n t e e n t e s patol cos con respecto a la enfermedad que examinamos, no les hace aparecer como sospechosos en el seno de las mmilias con niños. Es probable, y éste es un criterio que comparten en la actualidad muchos dímcos, que la eítfermedad se desenvuelva bajo la forma de un estado febril sin parálisis, que transcurre, por la variedad de sus síntomas, sin diagnóstico, dando lugar a que muchas personas que padecen estas formas larvarias queden inraunÍ 25 adas para ella, sin que esto quiera decir que no sean al mismo tiempo portadoras d d germen. Aparte de la transmisión por el hombre sano o enfermo- más A eces sano que enfermo- -se ha creído por algunos investigadores que el agua podía ser el vehículo del contagio y hasta se ha pensado que la propagación de ciertas epidemias de parálisis infantil seguía el curso de los ríos v especialmente se detenía en la proximidad de los deltas. Esta teoría del contagio podemos decir que no ha pasado a la hora actual de la c a t o r í a de hipótesis. Evitar la enfermedad es el anhelo de los hombres. Los médicos ansian el descubrimiento de un medio eficaz que ponga a cubierto a tantos niños de este temible contagio. Los padres porque, con razón, viven en el terror con respecto a la enfémiedad. De raciadamente, hasta ahora no se ha descubierto una vacuna eficaz que permita ser utilizada con éxito, como sucede en la difteria y en la fiebre tifoidea. E. síudios sobre la profilaxis se llevan a cabo en todas partes; pero la realidad no ha satisfechí) a la esperanza. Y, sin embargo, algo debe intentarse para salvar las vidas infantiles amenazadas, en las épocas de las grandes epidemias, y este algo, dentro de su relativa eficacia, consiste en el aislamiento más absoluto de ios niños, en la cuidadosa desinfección de su nariz y de su garganta, en la utilización como bebida de un agua que por su procedencia o por la ebullición, esté exenta de gérmenes. Aún cabe realizar un ensayí) de más envergadura: la inyección en el niño cada dos o tres semanas de 20 a 30 centímetros cúbicos de sangre o de suero procedente de personas adultas, sanas, mejor de varias que de ima, porque siendo la inmunidad natural o adquirida para la enfermedad muy frecuente, este tratamiento ofrece racionales garantías de poder ser útil en muchos casos. La divulgación del mismo por intermedio de esta importante revista es posible que logre Uíia acogida benévola por parte de las familias y ojalá sirva para evitar la enfermedad en el seno de muchas de ellas. Todo esfuerzo en este sentido estará justificado por la imj rtancia creciente que las epidemias de parálisis espinal infantil van adquiriendo en nuestra Penmsula. Doctor Enrique Sañer. HEL GiJikiyikjaíJEtikiMíiL n a ni n w V tS I, É JP O Vt Ct O (MADRID) Situado en et pueblo de Guadarraina, a 4 S kUdnietros de Madrid y a, 1.000 metros de altitud. lYatamieato de niños débiles, delicados de salud, ganglionareü y desnutridos, que tanto se Benefician del clima, seco y de altura. Calefacción en todas las habitaciones. Agnia caliente y fría. Amplio parque. Kspléndida satería para la cora de reposo, baSos de sol y Clases al aire libre, Admftense niños de cinco a tree afios, y HÍSHS de cinco a quince. Las auo padijcen enfermedad contagiosa no pueden ingresar. Continua vlerilancia médica. Alimentación adecuada. Bésimen de reposo. Vida al airo libre. Al mismo tiempo, enseñanza compatible con su estado de salud. ultura general y, especialmente, idiomas franrsés e ingles. Disponemos de institutriz diplomada.