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le sirve de apoyo, utilizándolos como un arma ofensiva. Etesde entonces le quedará una tendencia a cruzar malignamente su báculo en el camino de los demás. A vengarse de la humanidad incomprensiva y cruel a golpes de zancadilla. Esto le crea una reputación de perversidad a la que fuerza le es entregarse. Después de todo, ya que nadie le ama, no le va mal ai inválido con que se le tema. Quiéralo o no, la gente atribuirá todo lo malo que ocurre en el pueblo al cojo o al manco o al chepa -pfirque ninguno de estos pobres tiene nombre de familia ni de cristiano. No puede ser ílc otra manera: cojjtranco y con la piel del diablo. En ta! ambiente r entre tales influencias, el inválido se convierte necesariamente en un picaro. Serlo a conciencia es lo único que le puede dar personalidad. Porque el lisiado no puede aspirar a que se le compadezca como al pobre cieguecito ni a hacer reír como su compinche, el tonto del pueblo. La gente le considera como un saco de malicias, y con tal de que se le considere algo, tm saco de malicias acaba por ser. Para los que no han vivido la vida de aldea, tal vez aparezcan un poco recargadas las tintas de este pequeño aguafuerte. Él lisiado en la ciudad es un dolor anónimo más, dentro de la suma le dolores que el estrépito urbano ahoga y tritura. En la ciudad, además, los zambc corcovados y deformes sa- ben que pueden ser corregidos y hasta curados. El lisiado de ciudad no se considera un señalado por el demonio, sino un enfermo que ha de ponerse en cura. Por eso, en las ciudades no existen ya cortes de los milagros. Pero en los pueblos todavía se mira a lisiados y deformes, como calamidades por encima de las fuerzas humanas. Y se les trata inhumanamente. Hay, pues, que rescatar a los in álidós de pueblo; curándolos, educándolos. Es ésta una obra de justicia y además una obra de efica- cia. Los tullidos y los físicamente deformes no tienen por qué ser psíquicamente defectuosos. Al contrario, hay muchas razones para creer que entre ellos abundan prometedoramente las fuertes mentalidades. El ejemplo de lord Byron, de Tailleyrand, de Mendelsohn, de Vives, es bien convincente. Pensad ahora, amigos de los niños, mujeres de España, que repartidos por nuestros pueblos hay más de cien mil cojos, mancos, corcovados y tullidos, que pueden ser recuperados y conducidos a una vida digna. Algunas entidades benéficas y el Estado- porque el Estado no siempre es igual al fiscohacen ya obra de asistencia a los lisiados. Pero esta obra no tiene todavía la extensión y sobre todb la profundidad deseables. Para ella, para los lisiados de pueblo especialmente, se os pide a todos un poco de amor. JH Bastos. UNA SOBREAUMENTACION CON EN HOSPITALES, CLÍNICAS, BALNEARIOS Y SANATORIOS los pisos están como exige la higiene, con GR A- MIL hace que los niños se críen sanos, fuertes y alegres c JILEX cera perfumada M i8 s ENratms a IÉ 6I MEIÍ DMIÉTICO GR A- MIL es el alimento insustituíbierpues acorta consideroblemente la convolecencfa yjTESTKILLAS ALTA PUBLICIDAD lüEPORTAJES RAMÍREZ- DOMINGO