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EL C O J O DEL EDtE inmortalizado en la maravillosa pintura de Ribera que atesora d Museo del Louvre. Efs el mismo chico que ayer, cuando fuisteis de excnrsióii a la sddea, se. os colgó renqueando en el estribo del automóvil. Este de ahora tiene, como aquel de hace trescientas años, una expresión de cinismo amargo en su boca desdentada que impresiona más ne su lisiadura; Porque aqud chico, además de cojo o de manco, o de tullido, o de corcovado, no es como los demás chicos. Su defecto le ha estigmatizado todo 1 cuerpo y toda d alma, colocándole en un mundo aparte. En un mundo sin amor. Su pie zambo, o su manquera, p su de- PUEBLO V EL ILUSTRE R. BASTOS, AUTOR DE ESTE ARTÍCULO formidad, han creado en tomo del inválido de pueblo una atmósfera de hosquedad y repulsión, capaz de entenebrecer d espíritu más seráfico. Los demás chicos se apartan de él. Es feo y no es como los demás, como todos. Ambas cosas son igualmente (intolerables en la infancia. Por eso los chicos normales evitan su contacto y le motejan con la más fria crueldady haciéndole sentir duramente su aislamiento y su miseria. No va a la escuela. ¿Para qpé? Allí siente más que en ninguna parte la mortificación de su defecto. Y luego, aquellos ratos a la entrada y a la salida, cuando los otros chicos hablan jactanciosamente de hazañas de fiitbol o cuentan que ya les ha dejado su padre montar en la yunta o que van a ayudarle á la htierta cuando salgan de la escuela. No; decidiífeimente se está mejor sólo barzoneando por los alrededores dd luar. Por álli el lisiado ha de topar probalemente con otro inadaptado a la escuela que además no fe huye ni le veja: con d tonto del pueblo. Alguna vez la enemiga de los chicos sanos se manifiesta agresivamente, el lisiado ha de sufrir su inferioridad física. Hasta eme un día acude rabiosamente al sostén de su invalidez, al palo o a la jnuleta que f EL MARAVILLOSO CUADRO BE RIB K. EL COJO DEL P U E B L O QUE SÉ CONSERVA EN EL MUSEO DEL LOUVRE.