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RAMÓN Y C A J A l O LA NOBLE Y LUMINOSA PORFÍA S ANTIAGO Ramrái y Cajal! Siea sn vosabre, ante todo, acicate de la evocación que intento, y fuente riqtúsima de las isagestiones que necesito, al escribir este artículo dedicado a la memoria imperecedera de aquel español sin par, rico de lá prez más alta, faro, norte y giua de los hisr tólogos de su tiempo y honor y glpiria de su patria. Bien se me alcanza que lo escribo sin autoridad ninguna ante la m na sabiduría del científico, pero con alguna justificación, si se consideran las condiciones y calidades artísticas y literarias que le adornaban, y, como entre mis muy escasas virtudes cuento la de conocerme a mí mismo, yo sólo me pregunto al componerlo, ¿vas a escribir algo hablando de tí con el pretexto de Ramón y Cajal? y yo sólo me respondo que sí, con un desenfado que no tiene nada de cínico. Porque si siempre hablo de mí y por MONUMENTO LEVANTADO EN EL RETIRO POR EL ESCULTOR VICTORIO MACHO, A LA MEMORIA DE SANTL GO RAMÓN Y CAJAL. (F O T O V. MÜRO) n í y no sé escribir de httá swerte, no por necia egolatría, sinO por humildad de no i oder representar a nadie más que a mi mismo, y por no atribuir solidez de qmiiáa autorizada al capricho de mis infundados pareceres, ni valor a mis pobres pensamientos sin jerarquía de ideas, con más razón aho ra, cuando el pretexto, noble y alto, es más que pretexto devoción, y ÍK vale seinejanza, sino exaltación de mis reacciones, por alr tura y nobleza de quien las produce, y cuando juijto estas palabras movido por una vieja admiración y por un sentimiento de gratitud no exehto. de cierta orguliosa vanidad. Y nadie j u e por Dios, contrasentido o redimdancia si auno significados, tan semejantes en k) extemo y tan dispares en el fondo, como los de orgullo y vanidad; pero es que él gran don Santiago se dignó escribir mi nombre en su último libro al referirse a los ue velaban por lá pureza idiomátiea, y asi en mi reconocimiento alienta la vanidad de quien sé adorha con él elc o. ajeno, pero también el orgullo de la honra que recibe por la excelsa categoría dé su va ledor. Ávido y curioso, el gran don Santiago, como sabio verdadero, todp lo léía jÉára L vííft.