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MIS PRIMERAS MEDITACIONES SOBRE MEDICINA A LOS 18 AÑOS S órx) igiiorando el estado de ini salud y la intranquilidad de raí espíritu- es como se me puede p dír un artículo para ser publicado. ¡Que más qaisi ¿ra yo que encontrarme como en otros tiempos, cuando las sombras no entenebrecían mi cerebro y sin dolores que turbaran mi sueño! Pero es tal la fuerza que me inclina a todo lo que de Prensa Española viene, que una carta recibida de la Redacción de BL. A. ÑCO Y NEGRO ha galvanizado un poco mi voluntad y no pudiendo disponer de nada que a estos tiempos se refiera y que v a l la pena considerado siempre como tin órgano d de ser expuesto, arranco unas hojas de mis no de ser admirado. apuntes lejanos y, apenas sin corregir, co- rrespondo mandándolos a la distinguida atenLa buhardilla de mi casa era espaciosa, ción que conmigo se ha tenido. coa una ventana a la azotea bañada de sol. La escogí coriio rincón independiente para mis enredos de experimentador novel. En ella estuve a punto de tener serio percanAl traspasar el umbral de la Facultad de ce al tratar de hacer hidrógeno, por la neMedicina (1868) tropecé con la Anat nía cia imprudencia de aplicar una- cerilla eny me pareció tan soberbia, tan despertadora cetídida al pico añtado del tulx por donde de atención, adivinando su utilidad, que a salía el gas. Los trozos del frasco roto fueron a clavarse en el techo, espués- me- di su estudio me entregué con ardor. Entrar novato en una sala de disección al arte de disecar pájaros; pero no con. sees de singular efecto para el estudiante de gHÍmás jque hacer la caricatura enteca de Medicina. Se acerca a ella con cnriosidád un gorrión, que. asido a un palito, perdió envuelta en cierta repugnancia temerosa. El pronto SUS- plumas lacias y se deshizo por cadáver impone respeto, mientras la costüm- la polilla. Más afortunado fui en mi colección de bre diaria no lo disipa. A mí la Anatomía me encantaba. Fué la huesos. Entre. los estudiantes, eran frecuenasignatura que con más amor estudié eti los tes diálogos cómo el que sigue: V- ¿Quieres un esfenoides muy bueno por comienzos de mi carrera. Me entretuve un día, ante el corazón de los ¿uesecillos del carpo que tienes? una muchacha de veinte años, en sacar la -N o prefiero darte un magnífico maxicuenta de las innumerables veces que aque- lar superior 4 e dos que poseo. -Fulano tiene un esqueleto soberbio, y lla viscera se habia contraído, y me quedé asombrado. A sesenta y pico latidos por eomo ya no estudia Anatomía, lo dará por minuto, daba la suma de unos cuatro mil una friolera. Con estos camb aches ll fué a reunir un por hora; jícerca de cien mil por día, más de treinta -y seis millones por año, y en bu -n aóipe de piezas óseas del cuerpo huveinte de existencia, ¡más de setecientos mi- mano, que eran mi orgullo, con gran disllones de latidos! necesarios para sostener gusto de mi madre, que toleraba aquello una vida, qué sin ello se hubiera desplomado sólo en la butiaidilía. La criada de mi casa se atrevió un, ña a aii ibar por el ojo de la en brazos de la muerte. En cuanto al cerebro, no fué poca la im- cerradura, pero al ver una calavera sobre presión que me produjo el primero que tuve la mesa, no volvió a mirar, y l u o no paa la vista. Unos cuantos minutos gasté en saba sin santiguarse por delante de la puersilencio antes de tocarlo. Habia sido el re- ta, cobrando un miedo, que sólo se disix alicario de un alma; sus lóbulos hendidos ba cqn la diaria del cabo de gastadores que por surcos profundos abrigaron la memo- todos- los días, al caer la t a r la espersíba ría, el juicio y los inípidsos de la volun- en la esquina. tad. Se comprende que por encima de mi ¡Cómo ilumina y dora el tiempo los reignorancia y consiguiente deseo de aprender su estructura saltara la inquietud de cuerdos! una fantasía desbordante. Dr. Jímatio Gimeno. Disecar una mano era otra de mis aficiones anatómicas. IM. consideraba y la hé