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seunte, yo le miraba con envidia, diciéndome: ¡Qué riñon tan sano debe tener ese caballero! ¡Con qué gusto cambiaría yo mi padecimiento por el de otra enfermedad! Si hubiese sido un hecho posible, yo lo hubiese anunciado en los periódicos: Se desea cambiar riñon en mal uso, por no poderlo atender su dueño, por cualquier otro achaque, sea el que sea lo mismo que se anuncias permutas de destirios y empleos, que siempre entendemos como el peor de los males el nuestro. El problema no era otro, después de la maestría operatoria de Isidro Sánchez, Covisa, que el de si el riñon superviviente podría desempeñar, de modo que no hubiese queja, como dicen los comerciantes cuando se les pregunta por sus negocios, las funciones del ausente. Por fortuna, la obra maravillosa del Creador ha dotado al hombre de órganos gemelos, que suplen la falta de uno u otro y que aun nos garantizaría su más seguro funcionamiento si la pieza de nuestra máquina humana que entra en actividad estuviese como precintada hasta el indicado y oportuno momento de su uso. Pero mi riñon, a quien he de mimar como a uti hijo único, porque lá iencia médica aun no ha dado con el filtro qué pudiera substituirle, como una pieza de recambio, se mostró tan dispuesto a cumplir con su deber, qué hasta ahora no advierto la pérdida del otro. El Dr. Sánchez Covisa, mi atracador, como él decía en una humorística carta, lo conserva como uno de los documentos más intCr resantes de su museo clínico yo, alguna que otra vez, voy a verlo en su impenetrable recipiente de cristal, su última morada. Pocos días pasados, fué su aniversario. Estuve a punto de hacer unos recordatorios para, enviarlos a mis amistades, que en aque: llos días de su tránsito tanto se interesaron por mí y tantas pruebas pude apreciar de su estimación y de Su afecto. Yo, ciertamente, me alegraré mucho de poder celebrar el centenario del desaparecido, del que me despedí con el aire pucciniáno de la vechia smwrra, porque, la verdad, uno se encuentra muy a gusto en la vida y desearm que; su tren para la eternidad saliera lo mas. tarde posible, Luis Gahaldón. (DIBUJOS E cmAJfO S-