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la adopción de medidas que aliviaran la precaria situación de los artistas en paro forzoso, así como la que acababa de creárseles a los que figuraban en el elenco del teatro Martí. Por su parte, los cinematografistas de toda condición, unidos por la alarma provocada por ciertos anuncios de nuevos impuestos y tributos con que se les obligaría a contribuir al mantenimiento del teatro, salían al paso, con argumentaciones y negativas- de mil. diversas maneras, cotidianamente reiteradas. Variados y opuestos fueron los vaivenes e incidentes de la lucha. Ambas partes acudieron al poder público. Y el Gobierno Mendieta, dándose certeramente cuenta de que, al fin y al cabo, por encima de intereses particulares, se ventilaba una cuestión de mdole nacional, cambió impresiones con las representaciones de los dos bandos en pugna y decidió terciar en el asunto, estudiándolo y considerándolo en todos sus aspectos y dictar, a la postre, una fórmula resolutoria. La complejidad del pleito, para cuyo estudio el Gobierno nombró una Comisión compuesta por tres secretarios de despacho: el de Hacienda, el de Educación y el de. Trabajo, ha hecho difícil y múltiple la gestación de un final acuerdo. La ecuánime y justa ponderación de todos los elementos e intereses puestos en juego y metidos en liza, la necesidad de atender primordialmnte, entre esta pugna encendida, las demandas ihiperativas del arte, llevaron a los comisionados a realizar un profundo estudio de la cuestión puesta a debate. Los primeros acuerdos adoptados por el Consejo de secretarios tenderán por modo cardinal y directo a la defensa y protección del teatro cubano y de sus cultivadores y ejecutantes. Consistirán primordialmente en recargar con un nuevo impuesto, destinado a atender esta protección y con el que se gravaba, en proporción a su categoría, a los cin s. Son obvias y evidentes las razones que pudieron ser alegadas en contra de esta nueva tributación, y el Gobierno cubano, aten- to a la realidad de las. aportaciones justas que se le hicieron, revocó los acuerdos; pero, lejos de desatender el problema, le dedicó nueva y más honda atención, dictando últimamente, en estos mismos días en que se escriben e. stas líneas, una rotunda y expedi- tiva resolución que, por alg ún tiempo, pone término a la lucha y atiende al aspecto nacional del problema. El Gobierno cubano, en efecto, fundándose en el espíritu y los preceptos de la ley de utilidad pública, ha decretado la expropiación forzosa, durante tres años, del teatro Martí, del que se incautará la secretaría de Hacienda, mediante los requisitos indispensables, para entregárselo a la secretaría de Educación. Este último departamento ministerial queda encargado de conceder la explotación del teatro, mediante concurso, o cualquier otro medio que juzgue oportuno y adecuado, a una compañía exclusivamente dedicada al ejercicio y cultivo del teatro cubano. En la parte dispositiva del decreto- ley se fijan algunos pormenores y circunstancias que deben ser tenidos en cuenta para su eficaz vigencia, a fin de garantizar que este propósito de normalizar y asegurar el mantenimiento del arte escénico nacional se cumpla con todas las garantías apetecibles. Con esta resolución gul) ernamental se ha puesto, de momento, término a la lucha, salvando, en realidad, los intereses esenciales qtte atañen al arte nacional. En tanto, la compañía cubana que actuaba en el Martí y que fué, en su día, desalojada de él por una empresa cinematográfica, ha emprendido una jira por el interior de la República, obteniendo, según las noticias recibidas en la Habana, un éxito harto lisonjero. Hay que hacer constar, no olvidando ningún detalle esencial, que esta compañía es la única, desde hace: algjunos años, exclusivamente dedicada al cultivo de im género escénico nacional. Así están las cosas en ú momento en que hacemos de ellas esta objetiva e imparciál reseña. Mientras el Gobieriio se dispone a aplicar al tatro Martí los preceptos de una expropiación forzosa y a poner mano én él, se exhiben allí películas y la compañía que hasta hace unas semanas ocupaba su escenario durante cuatro años, realiza, desplazada de sus laxes, una campaña trashumante. Estos son los incidentes y episodios de uña ardua batalla sostenida por el teatro y el cine eti la ciudad de la Habana- en este año de gracia (de. relativa gracia) de 1935. J afael Marquina.