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teatro, y los dedicados al verso no tenían tampoco local ni compañía donde este género se cultivase. Así las cosas, en los primeros días del mes de septiembre se supo inopinadamente, sin que la propia empresa hubiese tenido de ello previo aviso, que la propiedad del teatro Martí había celebrado un contrato con una casa cinematográfica para explotar la exhibición de películas, y que, en su consecuencia, la compañía de zarzuela cubana debía desalojar la escena del Martí al finalizar el mes. El último reducto del teatro nacional se rendía también a la campaña acaparadora del cinema. Caía irremediablemente la última fortaleza. Los efectos de este verdadero ciclón teatral no tardaron en dejarse sentir. Acuciada con este nuevo descalabro la gravedad del teatro, soliviantáronse los ánimos, irritáronse las pasiones y se estimularon las actividades. Ante la perspectiva de ver tan pavorosamente agravada la ya precaria y grar ve situación de los artistas teatrales y ante el hecho del daño que se infería al teatro nacional, ya en tanto desmedro, los directamente interesados en ello se aprestaron a la lucha. La Sociedad de Autores Cubanos, presidida por Francisco Meluzá Otero, autor dramático y periodista, se puso inmediatamente en campaña, secundada y fortalecida por la a 3 mda y cooperación de los artistas de teatro. Se pusieron en juego con rapidez y denuedo todos los medios y todos los procedimientos. Por su parte, los empresarios cinematográficos, ayudados por la asistencia activa de alquiladores y distribuidores de películas, se aprestaron a la defensa y utilizaron todos los recursos de que pueden disponer. Durante unos días, el público habanero fué solicitado por prospectos, proclamas, comunicados en los periódicos, manifestaciones callejeras, letreros en las pantallas de los cities, escenas en las revistas del teatro Martí. Y la opinión pública llegó a interesarse en el pleito. Los autores teatrales supieron plantearlo serenamente en su verdadera realidad. No era una campaña contra la industria ni contra el arte del cinema; no se trataba de combatir con argumentos ilícitos una competencia lícita, ni se pretendía imposibilitar los avances del arte fílmico. Se trataba únicamente de impedir que la industria cinematográfica, al implso de una fácil y cómoda campaña de acaparamiento de locales que ni siquiera tenía que construir, fuese desalojando al teatro de todos los locales que le son específicamente propios y que, al cabo, se llegase a la conclusión de que confortablemente instaladas en los buenos locales las películas extranjeras, el teatro vernáculo se viese arrojado a la calle, en la terrible necesidad de tender la mano mendicante a la piedad del transeúnte. Se propugnaba también, como obligada y natural consecuencia, por un apoyo oficial al teatro cubano y por SANATORIO CREDOS Pensión completa de 14 a 16 ptas. Arenas de San Pedro (Avila) CORRESPONDENCIAS ucni i Pas o Recoletos, 37 Ueléfono 34109 AOMINISTRATIVA: Aren S. Pedro DIREaOR: Dr. A. Crespo Alvarez MEDICO RESIDENTE: Dr. P. Cabello de la Torre MEDICO CIRUJANO: Dr. J. M. Avendaño