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EL LIADO SOVIÉTICO A FRANCIA. -MI AMOR NO CONOCE FRONTER. S. (De Klatlúeradatsch, Berlín. do, ¿quién garantiza su cumplimiento? ¿Qué pasa si, a pesar del acuerdo, nos ataca el Reich? ¿Quién nos ayuda? ¿A quién nos quejamos? PETER. -No hay que pensar en tal eventualidad, puesto que nosotros distinguimos claramente entre Tratados impuestos y Tratados honrados, equitativos, voluntariamente aceptados. No queremos ficciones, y por esta razón nos negamos a firmar un acuerdo de mutua ayuda con los Soviets. Francamente, no estamos dispuestos a sacrificar parte de nuestra juventud para salvar a Rusia de una derrota. Tampoco los bolcheviques nos ayudarían en el caso de un ataque francés contra nuestras fronteras. Semejantes Tratados, que no responden a la realidad, se firman para no cumplirlos. Hay que introducir, en la política internacional, lógica, equidad y honradez. Vea usted qué sincero es Adolfo Hitler. Otros políticos dicen siempre la consabida frase de que su país mantiene buenas relaciones con todos los vecinos. Pues bien, Hitler dice claramente que mientras Lituania no cambié de actitud para con los alemanes de Memel, no está dispuesto a firmar ningún acuerdo de amistad y de no agresión con Kaunas. PiERRE. -Yo creo, por lo contrario, qtie únicamente el sistema francés puede preservar al rniindo de recaer en el de las. peligrosas alianzas militares, t o s necesitan aliados, si saben que en caso de ser atacados pueden contar con el apoyo de la Liga de Naciones o de un grupo dé potencias. Ustedes, los mismos alemanes, a pesar de oponerse al sistema de mutua asistencia, aceptan los acuerdos de I.o carno. Ciertamente, Locarno no les exige nada; únicamente que respeten las di. sposiciones del Tratado de Versalles que se refieren a stís fronteras occidentales. Sin embargo, ustedes saben que en el caso imposible de que les atacáramos, podrían contar con la asistencia militar de Inglaterra e Italia. ¿Por qué rechazan otros acuerdos parecidos, como, por ejemplo, el Locarno del Este? PETER. -Porque no tiene l se sincera. No es difícil firmar un acuerdo. Tantos se han firmado en estos últimos anos, que ya se habla de una nueva enfermedad: la pactomanía Si no fuésemos sinceros, les hubiéramos dado la satisfacción de firmar el Locarno oriental, con la segunda intención de dejar dé cumplirlo. Pero decimos francamente que la Rusia bolchevique y la Ale- mai ia hitlerista no pueden quererse, no pueden ayudarse mutuamente. FIERRE. ¿Y usted pretende que asistamos con indiferencia a una nueva guerra? PETÉR. -Con indiferencia, no; con actitud vigilante, pero áin intervenir contra nosotros, dáensores de la civilización occidental, y en favor de los amos de Moscú. Ya verá usted que su amistad con Rusia les proporcionará todavía muchos disgustos. FIERRE. -Puede ser, pero no nos es posible dejar de organizar la paz, la defensa de nuestro territorio y de pnéstros intereses vitales. Y Rusia, indiferentemente de su régimen, es Uíia potencia con la cual hay que contar. -Andrés Révéss.