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CORTIJO DÜI. IIAÍIOI II. S DIO C. SAl, Ui: XGA. (Xli A. Si: VlLl, 4 J una reja, un patio, un edificio, una puerta, y cxuedaba en el cliché la constatación rea! Quedaba en el papel del dibujante, ya un esquema de toda la fachada, ya el plano e una finca, ya el artólisis de un detalle arquitectónico. Pareja; marido y mujer estudiaron juntos España, con la misma erudición y con el mismo fervor apasionado. Juntos también fueron apareciendo los nombres de los dos en los tejuelos de libros hispanistas, editados en Nueva York, en donde aparecían ante el mundo, por vez primera eii la Historia, muebles, interiores, patios, fachadas pobres o ricas, ya sobrias, ya opulentísimas, de ca. sas provinciales espiiñolas. Aríhur líyne, Mildred Stapley de Bync, habían recogido y escogido y clasjficacio el materia! que daban luego a la estampa con la firma de ansbos. A veces, sólo ella firmalia invcstijíacioncs sobre bordados y tejidos españoles en libros editados en MadrTd, no hace todavía muchos años. El era flaco, alto, cara ingenua, ojos claros, de bigotes lacios, rubios, distraído y presuroso. Un Don Quijote hondránb que iba por los llanos cami) csinos inventariando la riqueza de una Patria que am. aba acaso más que la Patria de nacimiento. Hay alg O de amor a mujer en la elección de estas patrias de afición, que seducen un día basta el extremo de cambiar para siempre, en un momento la ruta de! destino, y dar a una vida entera! a gozosa ventura lc vivir consagrada plenamente a! amor nuevo. Así Byne: así su compañera. Juntos venían por el yermo casieílano en uno de estos (lias estivales. Regresaba A. vturo Kyne