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problema de la restauración en Hungría Por e! conde ESTEBAN BETHLEN, ex presidente de! Consejo ff iáTEaESA extraordinariamente a Hungría I darse cuenta del alcance exacto de núesi tra actual situación y fijar la. actitud más conveniente a nuestros intereses. Nos encontramos ante el hecho cierto de la colaboración franco- italiana en la cuenca del Oanubio, con v stas a crear una atmósfe. ra más pacífica y a eliníinar las causas de la grave tirantez política que hace muy ipoco tiempo, todavía, ponía en peligro la -pa ¿de estas regiones. iQjaé es preciso para q. ue los acuerdos conserven todo su valor? La condición principal para la adhesión de Hungría a los acuerdos de Roma es la seguridad de que por parte de la Pedueña entente exista la misma buena voluntad, el animus contrahendi el mismo deseo sin cero que a nosotros nos anima de limar las aaperezas actuales. Esperamos que exista esa buena fe, si bien no podremos comprobarla hasta que se desarrollen las negpciaciones. Por nuestra parte, y mientras esaa negociaciones se celebren, prometemos evitar toda alusión referente a nuestras reivíndicaciones sobre las estipulaciones territonales del Tratado del Trianón, lo cual no significa que Hungría renuncie a los medios pacíficos que le permitan llegar a la revisión que hace años desea. Además quisiéramos abrigar la seguridad plena de que la Pequeña Entente tiene la intendíón firme dé facilitar con todos sus medios una reconciliación leal, y que la íórtnuia que se promulgue no sea luego un- papel mojado. Porque de lo contrario pre: fenriamos que todo quedase como hasta ahora. Necesitamos también saber si la Pequeña Entente quiere dejar verdaderament e de inmiscuirse en nuestros asuntos particulares, aprovechándose de los rehenes de- minorías húngaras Para nosotros el prí- raer paso hacía un acercamiento consistiría en la mejora de la; suerte de los húngaros, sometida al régimen de nuestros vecinos. Alemania y los pactos del Danubio. Es difícil imaginarse una situación definítiva y satisfactoria de los problemas de la cuenca danubiana sin la cooperacióii de Alemania. Conviene no olvidar que Alemania forma parte de los países danubianos, a los cuales está ligada por lazos poéticos seculares y por intereses económicos cada vez mayores. Esos lazos son tanto o más potentes que las re- laciones pelíticas de Italia y Francia con los países del valle del Danubio. La consolidación de la paz en estas regiones de Europa, exigen, por consiguiente, la adhesión de Alemanía a los pactos danubianos. La sucesión al trono de Hungría. Existe otro detalle en nuestros asuntos particulares que fué siempre objeto de mezclas y sospechas- insultantes poi parte de nuestros vecinos de la Pequeña Entente. Se trata de nuestro problema consücucional y del relativo al trono de ntiestro Reino. Parece, sin embargo, difícil encontrar un problema allí donde la soberanía de una nación extranjera, debía ser tan respetada como cuando se trata de designar a la persona que asume las funciones de jefe del Estado, es decir, en el caso presente el futuro ocupante del solio de san Esteban. En 1921, después del fracaso de la tentativa para la restauración del Rey Carlos IV, Hungría se comprometió a no tomar ninguna decisión en este respecto sin antes haber llegado a un acuerdo con las potencias representadas en el Consejo de Embajadores Negociada personalmente por mí esa convención, puedo certificar que tal derecho de consulta estaba reservado únicamente a los representantes de las grandes potencias. Las pretensiones, formuladas per la Pequeña Entente, de inmiscuirse directa o indirectamente, en esta cuestión, no descansan, por consiguiente, sobre ninguna base jurídica. Me sobra, pues, razón al declarar inadmisible una intromisión semejante. ¿Será posible una pacificación verdadera? Hungría desea acuerdos leales que borren las diferencias existentes en la cuenca danubiana, y no pactos que se den por satisfechos con encubrir las dificultades y negar las escisiones. La creación de una atmósfera más pacífica en esta parte del Continente europeo no podrá obtenerse sin que los que dirigen los destinos de Europa tengan firmes deseos de paz, para eliminar todos los obstáculos de desconfianza mutua, existentes en los momentos actuales. Hungría, por su parte, espera que asociando sus esfuerzos y su mejor voluntad a esa obra de pacificación, obtendrá, por lo menos, en cambio, la garantía de que las promesas solemnes establecidas en su favor en el tratado del Tri? nón sean por fin ejecutadas. Queremos decir: igualdad de tratamiento de las minorías húngaras en los países sucesores y promesa firme de seguridad, de independencia absoluta y de soberanía completa de Hungría. -Esteban Bethlén. Copyright Agence MUeraire Internationale.