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ÉXPERIENCÍAS MONETARIAS A propósito de la desvalorización Empobrece a los que han ahorrado SAKÁN decir los que en Suiza sueñan con la desvalorización del franco -si es que este sueño se convierte en realidad- -lo que acaba de decir de la libra. esterlina cierto corresponsal del gran rotativo inglés el T i m e s que no es el franco suizo el que ha descendido, sino que es ese metal ridículo y anticuado, el oro, el que ha aumentado? No sería prudente t o m a r a broma semejante herejía, porque las ideas de ese inglés representan perfect a m e n t e la convicción íntima de millones y millones de semejantes stlyos. El inglés es conservador y cree en la permanencia de las cosas- -de las cosas- inglesas por sup u e s t o- su confianza secular en la libra ha permanecido intacta. Además, y precisam e n t e por esta razón, es por! o que, en Inglaterra, los precios interiores empiezan tan sólo ahora a dar tímidas, señales de alza este es también el motivo por el cual puede I n g l a t e r r a eiiorgullecerse y presumir dé su prosperidad actual, que nuestros partidarios de la desvalorización no se cansan de presentar como ejemplo. De ésa prosperidad, e! economista francés Jacqiies Bardpu. acaba de levantar indiscretamente el velo de tal prosperidad en un estudio publicado en e l T e m p s D e t a d o n o tiene ya que invertir gran cosa en gastos adicionales, puesto que disponen por una parte de materias primas, y por otra eco- nortiiza los socorros de los obreros- vueltos al trabajo. No se trata, pues, más que del pago del alquiler de las. fábricas y de los gastos generales de distribución de los productos manuíatíturados. Se sobreentiende, conio es natural, que los alquileres de esas fábricas son bajísiimos y se puede decir que en. total los gastos expuestos son ínfimos con relación al beneficio moral obtenido: Se han tomado también todas las precauciones necesarias para que las mercancías producidas por las fábricas del Estado no sean ianzadas al mercado general, lo que hubiera íiódido suceder, de. tobarse permitido que los obreros- vendiesen las manufacturas recibidas. Todos los objetos que proceden- de estas fábricas llevan un sello- especial en el que se prohibe su venta. AI principio los negociantes americanos temían que sufriese la salida de los productos de la industria privada, como consecueiicia de esas distribuciones gratuitas de objetos, coo perjuicio de las ventas regulares. Pero muestra el autor que el resurgimiento d e los negocios en Inglaterra está reservadoexclusivamente a las empresas que t r a b a jan para el mercado i n t e r i o r que, por ti contrario, las cifras índices de las industrias seculares cuyas exportaciones preponderantes enriquecen a la vieja Inglaterra, están hundidas, y que, desde la aventura laborista, causa del abandono del patrón oro, Inglaterra ha cesado de capitalizar. En el curso de los últimos años, y principslmente en 1934, las expediciones de productos británicos no han aumentado lo suficientepara compensar las crecientes compras de productos alimenticios y materias primas. El saldo activo. de e n t r a d a s y salidas ha desaparecido, el signo m á s aparece tachar do. Hacen su aparición, en la balanza de pagos británicos internacionales déficits de l i o y 51 millones de libras. De 144 millones de libras- oro en 1924, las reexportaciones británicas bajan en 19.32 a 51. millonesde libras- papel y permanecen en este nivel m á s mermado aún por el colapso de la esterlina. Como demuestra el señor Bardou la divergencia es honda entre la producción que ha progresado y la exportaciónque permanece en declive. i Cómo explicar esa contradicción esencial que caractelas observacion- es que se han podido hacer sobre este particular demuestran que tales temores carecen de fundamento porque Iosparados, para quienes esas mercancías van destinadas, hacia ya tiempo que no estaban; en condiciones de comprar nada. H u b i e r i t i podido hacerlo de haber tenido economías. pero éstas e s t a b a n m á s que liquidadas. Por otra parte, los obreros empleados en las fábricas del Estado pueden convertirse, gracii- s al salario que ganan, en consumidores dei mercado regular y contribuir de esta forma al aumento de las salidas. Digamos para terminar que esas fábricas del Estado han dado a numerosos parados ocasión de aprender un nuevo oficio, en aque líos casas en los que su antigua proíesión noles servía. En todos los círculos, en el sector popular, lo mismo que en las esferas más elevadas sigúese don interés la evolución de esta for midable experiencia y son ya varias también; las naciones que observan y empiezan a aplicarse el cuento... -Alfred Rosenthal. (Copyright Agence Litteraire Internationale.