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¿SE AGRAVA LA CUESTIÓN ETIOPE? Excepcionales intereses comprometidos en ella Por el almirante DEGOUY ACE próximarnieiite cuaxenta años, en 1896, el viejo marino que traza estos renglones regresaba de Tonkin a F r a n cia a bordo del transporte Bien H o a cuando a la entrada del mar Rojo nos cruzamos con un gran trasalántico italiano que conducía tropas. Camibiáronse los saludos reglamentarios... pero se conoce que aquellas manifestaciones de cortesía oficial no bastaban a los numerosos pasajeros militares que llevaba el barco. Fueron, por su parte, burras estentóreos, acia- maciones tusíaistas; kepis, gorros, cascos agitados en el aire, tanto más sorpreadente todo, cuanto que, en equella época, las relaciones entre Roma y París no eran de lo más cordiales. Afortunadamente, las cosas han cambiado desde entonces... Sorprendidos o por lo menos halagados, nos preguntábamos al tiempo que nuestro barco ganaba velocidad hacia el norte cuál podría ser el verdadero motivo de tan calurosas cortesías: Algo hay nos decíamos. P a r a saberlo fué ipreciso esperar a la escala de Suez. U n a vez en este puerto y mientras el barco se aprovisionaba de carbón, supimos que los italianos acababan de experimentar una desastrosa derrota en Adoua del Tigre, a pesar de ir mandados por un jefe distinguido, el genral Baraturi. Tratábase, pues, de reparar el de calabro, y diariamente llegaban a Massouah, puerto principal de la colonia de E T Í trea, enormes contingentes de trapas. H a n trascurrido desde entonces cuarenta años. El desastre de Adoua ha tenido amplia reparación. Eritrea ha ensanchado sus fronteras. Del otro lado del cabo Gardafui, que tepmina la penínsnla de! país de las Somalias, existe, frente al sudeste, una Somalia Italiana que se metería cómodamente en el bolsillo- -si se me permite la expresión- -a la diminuta Somalia Francesa y que es sensiblemente mayor que la Soínalia Inglesa. Basta contemiplar un mapa africano para ver que es Italia quien domina en las regiones etíopes directamente colonizadí. s por los europeos. El Estado de Abisinia, cuya orientación general está más bien del lado del Oeste y Noroeste, hacia el inmenso Nilo y su tercio de continente africano, se ha abierto generosamente a la civilización europea, ha recibido con solicitud a los representantes diplomáticos de las Potencias a sus técnicos y constructores, al mismo tiempo que admitido la cooperación de sus ingenieros sin trabajo, P e r o l a medalla tiene indefectiblemente un reverso. E s decir, varios, en este caso. N o hablemos aqní más que de las competencias envidiosas, de las turbulentas rivalidades que agitan a Addis- Abeba, la. capital (90.000 habitantes próximamente) cerca de las fuentes de ese curioso río el Ilaouash que, atravesando valles y llanuras, se diría que contra pendiente se pierde al nordeste en nuestra pequeña Somalia. Addis- Abeba es una capital muy curiosa y agradable, con sus aguas naturales y sobre todo con su clima relativamente fresco- tiene, por lo menos, pureza de aire- -debido a su altura de 2.400 metros, casi igual a la de Quito (2.800) capital de El Ecua: dor. Sí; las luchas de las influencias son siempre duras, a esas alturas pacíficas, entre europeos. Empezaron ya en 1868, en Magdala, alrededor del célebre Negus Theodoros, cuyo fin trágico es bien conocido. Inglaterra, descontenta de él- -había encarcelado injustamente a varios misioneros emprendió, con todo lujo de precauciones y preparativos, una expedición mandada por el vencedor de Delhi, lord Naipier, hombre de guerra de un extraordinario valor. E l orgulloso negus, antes de ceder ante las exigencias británicas, prefirió enterrarse entre los escombros humeantes de su fortaleza. ¿Es de temer que 67 años después de la caída de Magdala las cosas vuelvan a tomar en aquel país un cariz tan dramático como entonces? A lo que parece, no se t r a t a ya de medidas preventivas; son en todo caso medidas ejecutivas, que tienen por lo menos un carácter de intimidación, si es cierto que Italia se dispone a enviar al M a r Rojo a 70.000 milicianos voluntarios- -camisas negras- a los que siguirían pronto 30.000 soldados de las guarniciones de Florencia y Messina. Los detalles que se tienen y a de esa m o vilización son muy interesantes. ¿N o se tratará, después de todo, de un útilísimo ensayo general para el caso de tin conflicto eur o p e o? Pero es esta una conjetura un poco aventurada. No insistamos sobre ella. O b servemos de todas formas- que n o se ha t r a t a d o hasta ahora, abiertamente, por lo menos, y de la organización de la fuerza aérea expedicional cuando la puesta en juego de semejante arma sería, en una c a m p a ñ a de esta índole -aunque no fuese m á s que desde el punto de vista del efecto moral sobre pueblos nuevos- interesantísima. E n vano tratarían de disculparse alegando dificultades de orden técnico que se opondrían a la acción eficaz de la aviación sobre un t e a t r o de operaciones t a n escabroso (picos elevados y valles profundos) como el que forma la m a s a montañosa de Abisinia. Todo esto, naturalmente, es digno de ser tenido en consideración, pero puede llegar el momento en que no c a b r á ya detenerse ante esos obstáculos. (Copyright Agence Lüteraire Internationale