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rís y Moscú. Así se explica que en Alemania haya producido un sentimiento tan sincero y profundo el fallecimiento del viejo héroe polaco y que en los funerales Hitler se haya hecho representar por Goering. El acuerdo con Rusia no provoca entusiasmo en Francia, Varios periódicos recuerdan que la alianza rusa ha costado siempre cara y ha resultado poco eficaz. Los bolcheviques no han sido los primeros en abandonar a Francia en medio de la lucha; Pedro III (el marido de la futura Catalina la Grande) había hecho lo mismo en la lucha contra Federico II de Prusia. Pero, que se haya firmado el pacto con entusiasmo o sin él, Francia difícilmente hubiera polido evitarlo, ya que con Inglaterra no se puede contar hasta el último mom- ento, porque la Pequeña Entente ha insistido en la firma y porque los franceses no han olvidado el nombre de Rapallo. es decir: la posibilidad de una nueva inteligencia ruso- alemana. Los armamentos alemanes. Alemania se siente preocupada a te el acuerdo político y militar ruso- francés y estima que sus propios armamentos, aunque hayan aum entado bastante desde la ruptura con el capítulo V del Tratado de Versalles, resultarían completamente insuficientes para defender las fronteras. í í o nos extrañai- ía que Alemania siguiera aumentando sus fuerzas armadas a consecuencia de la inteligencia entre París y Moscú. Ciertamente, Rusia no tiene fronteras comunes con el Reich, de modo que únicamente podría acudir al socorro de Francia en el caso de que sus ejércitos pudiesen pasar por Polonia o por los Estados bálticos. Como. se ve, la eficacia del acuerdo franco- ruso depende en gran parte de la actitud de Polonia, con la cual Alemania tiene más interés aún que antes en mantener buenas relaciones. Hay que tener en cuenta también el punto de vista alemán, con respecto a la zona desmilitarizada de Renania. Nó sólo desde el punto de vista de la igualdad de derechos, sino también desde el práctico, Berlín estima que tal limitación de su soberanía de- berá desaparecer. Ciertamente, el acuerdo de Locarno protege la zona renana contra una sorpresa por parte de Francia (lo mismo que a Francia contra un posible ataque alemán) sin embargo, en el momento oportuno, mucho dependerá de la interpretación que Roma y Londres den a los acuerdos y a su firma. Si, por ejemplo, estallase un conflicto entre Polonia y Rusia y Francia quisiera acudir a la ayuda de los soviets, ¿podrían pasar las tropas francesas por Alemania? ¿No intervendrían Inglaterra e Italia para defender la zona desmilitarizada renana contra una invasión francesa? Si debemos creer a las palabras de Sir John Simón, la contestación ha de ser negativa. Francia tendría derecho a atravesar el territorio del Reich. Alemania estima, por consiguiente, qne como no puede contar con Londres y Roma para la inviolabilidad de sus fronteras es menester que las defiendan sus propias fuerzas armadas, es decir, que Renania dejé de ser una región desmilitarizada. Si vis pacem Si el aumento de los armamentos fuese una indicación segura de una próxima conflagración armada, podríamos temer el estallido de la guerra en un porvenir poco lejano. Aifortunadamente, no es así. Ha habidoi guerras antes del descubrimiento áe la pólvora y puede haber largas épocas de paz en la era de los gases asfixiantes. El aumento de los armamentos no sólo puede intei pretarse como preparativo de guerra, sino también como im remedio contra el paro forzoso y el estancamiento de los negocios. En este sentido, el rearíne alemán no representa un real peligro, tanto menos cuanto que los adversarios del Reich disponen, de mayores recursos que éste, y siempre les queda la posibilidad de oponer dos o tres aviones a cada uno de los que construyan los alemanes. El proverbio latino no ha perdido su actualklad. Un país fuertemente armado se hará respetar y hará disminuir las probabilidades de un ataque contra sus fronteras. Hasta la pequeña Dinamarca ha roto con la política del desarme integral. Sin embargo, el reforzar los armamentos no debe eliminar la propaganda en pro de la oaz. Briand decía que si se quería que la paz estuviese asegurada había que hablar constantemente de ella. La creación de una juventud valiente, abnegada, robusta, que desprecia los bienes terrenales así como los peligros y la muerte, por una justa causa, np debe hacer olvidar que el ideal sigue siendo la paz, es decir el arreglo de las dificultades por medios pacíficos, razonables, equitativos. Lo mismo que en ¡a vida particular ya no es necesario empuñar la espada JtAVAI Y 1 A. TV 1 NOF SK HACEN MUTUAS OOIÍCECTOKES. (De L OeVtvre. París)