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tHÍA BBCENA D E aBBBNADBÍ A TBOIS (Br ANOHE MONTEL, RATMOKDi HOOT- BAtr X JEÜST P. AUMOINT, tad comenta la amargura que le ha producido todo aquello, la profunda tristeza de que siente herido el corazón desde que se reintegró a la compañía de sus familiares. Aquel primer dioque tiene, en las horas sttcesivas, repercusiones parejas. No obstante, al día s. iguiente al de su llegada, después del descanso reparador jr el yantar copioso, el ex presidiario siente ciertas iniperativas veleidades de atender el consejo de su cuñado. Pero, en el momento propicio a su decisión, la vida que, en tor. im, le ofrecen en espectáculo sus deudos, la voz vital, libre, ardiente que el mundo le dicta al oído con un dulce y enorme halago, el diálc o con su compañero d e presidio, el desafecto egoísta que le- demuestran los demás, meden en su ánimo más que aquellas incipientes inclinaciones penitentes. Allí, a sus pies, infinito, libre, creador y eterno, el mar le ofrece caminos infinitos. Más allá la tierra se le abre como una g ra ¡nada de tentaciones. íYi el ex presidiario, hastiado en unas horas de una vida y de un mundo de los que acaso sintió nostalgia durante largos años, se echa al agua, con su amigo, y se lanza al azar de una vida peligprosa y libre. Cada lector puede derivar del caso la moraleja que le dicte su criterio; pero tai como está narrada, en la línea escueta de su asunto, es la obra Era tm presidiario que la gentil directora del teatro Ambassadeurs, de París, la excelente actriz Marie Bell, ha montado recientemente, después del éxito de- Miss Ba. Í 5 U autor, Jean Arnouiht, pertenece a la nueiva generación de dramaturgos, franceses (tiene menos de treinta años) y ha logrado con sólo dos obras ganar para su nombre un lugar destacado en el cuadro general de la escena de Francia. Por lo que se refiere a Era un presidiario, la critica ha reconocido los valores de novedad, de ímpetu, de aliento, aun no hallándose del todo coniforme con ei desarrolfo escénico y señalando algunas deíkriencias en el procedimiento técnico. Ptero hace constar, teniendo en cuenta las circunstancias por que atraviesa ¿1 teatro francés, el elogio que merece Marie Bell por haber tendido la mano a un autor joven, presentando con verdadero lujo y con acierto insuperable una obra de esta naturaleza. Mayores reparos opone, en general, a Aliette, comedia en tres actos, de Federico Boutet y Juan Alagxiy, estrenada en el teatro llamado de París, y en cuya interpretación ha alcanzado un foriJlantísimo triunfo personal la notable actriz Elena Perdriére. Kápidam ite da cuenta de la obra, y la juzga, Eduardo Boardet con estas palabras: No es ni muy original ni muy divertida. Es la historia de una huerfamta educada