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retenía sobre ios hombros, era una capa azul marino forrada de seda igual al tráj e el sombrero ande, azul, naturalmente, atrevidamente levantado por detrás y modestameute provisto de un lacito pros- fjmin. Había también una señora joven vestida de lana negra; la severidad de este color estaba animada de exquisita manera, por el cuello inmenso con un volante en forma, que caía sobre los hombros; igual volante remataba las mangas antes de pasar el codo; ¡ipero qué aturdida soy! ohádaba decir que esos volantes eran de organdí blanco, brillante y con aguas como el moiré; se completaba el conjunto con una esclavína larga por detrás, corta por delante cpn adornos de organdí blanco, que se iba hacia la espalda y se decidía a morir a mitad de camitjq. La tenue ie otra invitada me ha sorprendido, a pesar de que yo no soy fácil a los asombros, sin duda por haber tenido muchas ocasiones de asombrarme. Piensen ustedes que la persona en cuestióti llevaba falda gris (perla, cuerpo de raso gris oscuro, la capq, inmensa, gris claro estaba forrada del tono oscuro, y luego, luego... eü vez de zapatos, botas haciendo juego con el conjunto; un gorrito marinero ha conduido de desorientarme; si he hablado de esta fantasía, ha sido únicamente para que se sonrían ustedes, pues bien sé que no querrán inspirarse en esta tenue original, Veamos otra y tranquilícense, porque es de distinto género. Se trata de un vestido abrigo de lana y seda verde azulado o azul verdoso; gruesas filas de frunces dibujan un canesú de picos bien pensados, algunos pasan sobre los hombros ciñéndoíos y adeígazándoíos; el mismo adorno se rqpite en el centro de las mangas, y dos bandas querodean la garganta caen hasta el borde del vestido, que es casi un gabán; el cinturón de ante y el sombrero tricornio de paja negra y terciopelo del coJor d d vestido. U a detalle curioso: llevaba en la mano un baston sombrilla, cuya descripción no debo omitir: imagínense un bastón de madera barnizada, y en d puño un sombrilla diminuta de taffetas fruncida. zón a los íntimos se les ofrece una chuleta con patatas fritas y a los casi desconocidos se íes da foie- grassf No me convenía esta parte del programa, pero acepté la invitación e hice Sien. Primero, la mesa estaba ideal, la tabla de nogal encerada brillaba como un espejo, Ante cada comensal su mantelillo de lino, sin ningún bordado, calados en escalera y con encaja rústico al borde. El plato y el mantequero de porcelana rosa, el siguiente de porcelana amarillo, luego verde, la última azul, etc. y el mismo juego de colores en la cristalería. Pero la nota culminante correspondía al adorno personal de flores que rodeaba cada mantelillo. E el centro tina gran Juna grabada y tallada. ¿He conseguidüí íí ustedes se figuren estar viendo esta descripción de ensueño? Al punto m tranquilicé en cuanto aí tnená, porque con semejante refinamiento no era posible que nos. ofrecieran patatas Iritas. E 3 servicio prestado con mucho encanto, (por muchachas vestidas de toile d a ra coiif delantales iguales, nos reservaba una sorpresa: las fuentes estaban colocadas so bre mesas con ruedas que circulaban cons tantemente; los comensales hacían su elección y si en la primera mesa no enccaitraban el manjar de su gusto o el preciso a su régimen, seguramente le encontraba en la que venía detrás. Llegó el momento de mirar a las elegantes matinales que asistían al almuerzo. Todas tuvieron el buen gusto de no vestirse demasiado. Una llevaba traje sastre beiffe, con rayitas ÍII bies, doradas; la falda com puesta de bandas superpuestas, y la chaquéta con su pelerina irregular; úrense un lado recto envolviendo d hombro y cuyo largo no llegaba al talle, mientras que el contrario cortado al bies, vago y vaporoso, alcanzaba! el borde de la chaqueta; d cuello, el borde de la pelerina y el de la falda estaba guarnecido de terciopelo marrón, como el adorna del gorrito de panamá beige. Allí veo a una señora vestida de azul; ha combinado todos los azules en el estampado de su traje, sobre fondo marino, muy oscuro. El abrigo, que ¡por pura coquetería