Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
El üiáloa- Q que en La noche de mayo mantienen la Musa y el Poeta está llevado con sabia ponderación, pues las desiffualcs e. siroías en que se distribuyen los doscientos y un versos de que se compone el poema van ganando insensi! leniente en intensidad emotiva- -con escasa diferencia en e! número de aquéllos- hasta llegar a la estrota en íiue la Musa, xjueriendo mitigar el dolor del Poeta, le incita al canto y a! viaje. Vquí ios versos adquieren una fastuosidad niiiy a tono con el convencimiento que se quiere llevar al poeta dolorido de que haj que olvidar el dolor. Xnventcnis qtielqus part des liexix oU Fon onblic, dice la Musa, desplegando ante los ojos del Poeta la visión de la verde Escocia, la morena Italia, Grecia, donde la miel es tan dulce... lugares todos llenos de luz y de serenidad, propicios al dulce y tierno olvido. El Poeta, ante el despliegue fastuoso, responde a los sonoros alejandrinos con, la sencillez del octosílabo, desnudo de hinchazón verbal. La h ií he ffo- rde Je sílence p yiir écoutcr parler le cceur. Y es en la penúltima estrofa- -última en labios de la Musa- -donde el sentido del poema- -la comparación del pelícano que se dispone a alimentar a sus hijuelos con su corazón palpitante, con el poeta que en el festín (le la Humanidad sirve su propio corazón desgarrado por el dolor- -brota, magnífico en su angustia, conmovedor, inolvidable. Jficn. ne nous rend si f fiinds f me gratule donlie ur, GBX RGE SAND. le dice la Musa al Poeta, pronunciando una verdad incontrovertible, reiterada en otra forma cuando expresa que los cantos más bellos son los más desesperados y que sabe de algunos que, siendo inmortales, no son otra cosa que puros sollozos ...Cien años han transcurrido desde que Musset escribiera su Nach- e de mayo, y la visión trágica del poeta ofreciendo en holocausto, como alimento, su corazón sangrante, permanece inmutable en toda la fuerza de su tragedia. Porque, si bien es verdad que el culto del yo ha cedido el paso al sentimiento, más generoso, del dolor universal, no lo es menos que el corazón del verdadero poeta sigue sangrando ante la visión crudelísiraa. del humano sufrimiento, y que todo escritor verdaderamente marcado con el sello del fuego divino se convertirá siempre en la antena sensible que capta la onda de la inquietud. Constituye esto algo tan consubstancial con el poeta, que jamás podría eludirlo, aparecerá siempre en sus creaciones; tan a flor del poema algnnas veces, que se vean clara- mente las heridas; más veladamente otras, porque una aristocracia del sentimiento quiso no poner tan al desnudo la oculta Haga. Pero en todo caso podrá apreciarse cómo la sangre fluye a lo largo del poema, como la vena de agua subterránea que se escacha debajo de la peña o como el regato que se desliza bajo una tupida alfombra de verdura. Ni siquiera los parnasianos- los poetas más objetivos- pudieron substraerse a esta ley humana. Porque la poesía no es más- -ni menos- -que eso: -grito o sollozo de sensibilidad herida, se vuelve ahora, desptiés de mil tentativas más o menos preciosistas o conceptuosas, a una nueva y sincera expresión del sentimiento, a tm neorromanticismo, si bien menos personal y egoísta que el pasado culto del y o La noche de mayo, con esta lógica derivación del sentimiento y las naturales variantes de técnica, sigue en pie. El poeta escucha la voz de su sentir y la de su otro yo, que le compadece y le brinda el olvido. En el diáloíjo que SP cnUilyui, el T