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guiendo. después de iirúltiples, difíciles trámites, adquirir, a cosía de grandes sacrificios, una extensión de terreno de unas diez hectáleas, donde se supone radicara la ciudad evang- élica. Nada contuvo el impulso de los hijos de San l raiicisco por llevar a efecto su exploración arqueológ- jca en tan insalubre y pelig roso lugrar, y después de constantes contratiempos, vicisitudes y trabajos durante cuatro años, el Padre José María Baldi enfermó de fiebres palúdicas y hubo de dejar su puesto al Padre V endelino Kinterkaeser, arquitecto alemán, hombre de grandes conocimientos y energias, a quien estaba reservada la satisfacción de reanimar este erial de desolación y muerte, convirtiéndolo en campo fructífero donde poder ofrecer a la vista de todo el mundo, eutre el montón de ruinas de la vieja Cafarnaum, el interesantísimo conjunto de los restos de la famosa sina. q: oga. Con gran gozo del Padre Vendelino iban apareciendo estos restos bajo un montón de escombros y malezas de once y más metros de altura en muchas partes, y con mayor satisfacción escuchó el unánime parecer de un grupo de ingenieros israelitas que, comisionados por una Sociedad alemana, vinieron en 190. Í a estudiar estas excavaciones, daíido su opinión sobre las mismas. Todos ellos manifestaron su conformidad en un todo con la apreciación ya hecha por Wilson en sus primeros trabajos de exploración de que, fectivamente, el monumento puesto a descubierto, muy distinto de todos los demás por su riqueza de esculturas y por! a excelencia del trabajo que en ellas se advierte, delata el tipo de las sinagogas construidas en tiempo de la dominación romana en Jerusalén. Reanimado y entusiasmado, más aún de lo que ya estaba, el buen franciscano ha venido continuando las excavaciones con la ma or actividad y celo posibles, hasta lograr por fin, tras improbos trabajos de constancia y tenacidad, poner a flor de tierra los restos todos de la sinagoga, que, como santificada por la presencia en ella del divino Maestro, constituía para el Padre Vendelino el sueño más grande de sus aspiraciones terrenales. El recinto donde están enclavadas las ruinas de la sinagoga forma un paraíelógramJ de 24 metros por 18. En la fachada, de rica ornameíitación, abríanse tres puertas, sobre las cuales lucían otros tantos ventanales de exquisito trabajo. Ante las puertas se extendía un paso de dos metros de alto, sobre el nivel del terreno, en que descansaban los- muros principaels, y de tres cincuenta de ancho Dor veinticinco centímetros de largo. Del lado occidental subíase a este rjaso por una hermosa escalera de piedra dp cttatro peldaños; en la oarte oriental existía otra de catorce escalones, que, al parecer, conducía at (puerto. De ésta hizo mención Santa Silvia, diciéndonos: Se sube a ella (a la sinagoga) por muchos peldaños. En el. interior se encuentra una nave central de 10,50 metros de largo, por 8,50 de ancho, rodeada en tres de sus lados, E. tc, Norte y Oeste, por otra nave lateral. Sostén de la central, eran doce columnas, cinco a cada lado Este y Oeste, y dos en la pai- tc: de! Norte. líntre estas dos últimas v mirando de frente a la puerta central, se alzal) -i la cátedra. En, las partes laterales, a) largo de muro, corría un banco de piedra de dos gradas. Los dos ángulos de la galoría se aooyaban en dos cuadrados pilares. flanqueados de na media columna en dos de sus lados que se tocaban entre sí. En el cornisamento que coronaba esta columnata se elevaba una serie de columnas más pequeñas, y sobre las tres naves laterales existían otras tantas galerías. Los pedestales de las columnas se ven aún, casi todos en sus puestos. Los fustes, monolíticos, tienen tres metros de largo y ostentan hermosos capiteles corintios, con profusión de hojas, caprichosamente entrelazada, s. El cornisamiento, y especialmente el friso, aparecía adornado con profusión de esculturas, palmeras, frutas y follaje y algunas figuras geométricas. El pavimento, de hermosas losas cuadradas, se conserva aún en buen estado, en algunas partes. Por la situación y forma en que se lian encontrado algunos bloques de piedra y polla ausencia absoluta en los mismos de toda señal que denuncie intervettcáón d? instrumento alguno manejado t or la mano de! hombre, colige el Padre Vendelino, que! a desaparición del monumento, debió obedecer o a causa sobrenatural o a efectos de la vejez y estra, gos del tiempo. Muchos arqueólogos que han visitado estas curiosas ruinas, coinciden con esta opinión y suponen que la destrucción de Cafarnaum pudo muy bien llevarse a efecto en el horrible terremoto que el abate Rohrbacher dejó descrito en las siguientes frases: La guerra no era el único fizóte que afligía al Oriente. Hacia el año 550 los terremotos hicieron perecer millares de hombres y arruinaron ciudades enteras en Fenicia, en Palestina, en Siria, en Arabia en Miesopotamia. Tiro, Sidón, Trípoli. Biblos, Sarapeta, Aníavado, sufrieron muchísimo Se ún estas opiniones, basadas en razonables fundamentos, la desaparición de Cafamaum, sujetándose a datos históricos, entendemos deba ser colocada entre los años 420 al 6, 6, pues que está probado fiue en la primera de estas fechas visitaron! a ciudad y la sinagoga Santa Siivi; i d Aquitania y Satita Paula, como también consni fue va por el año ó. ó, ai íer conquistada esta tierra de Palestina ver el caüía Oniar no figura este de Caíarnaum entre lo. s pueblos que- se citan como sometidos a su poder, lo que claramente indica estar ya por entonces, sepultado entre escombros y malezas, De ía gran importancia arqueológica que