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sición política -y eti i se caso estaba ¡a íaniilia de Joscuna- ésta oye de labios de una mulata qnc examinaba sus manos esta sorprendente profecía: Te casarás y enviudarás volverás a contraer matrimonio y serás la soberana de un país La criolla, al oír aquellas palabras, hace un gesto de desdén y vuelve a sus jueg os infantiles. Cómo hubiera p o d i d o tomar por lo serio el anuncio de un destino tan fuera de las probabilidades de su ruta? El que va de Madrid a Avila ¿puede e n c o n t r a r s e con el Partenón? Cada existencia tiene sus posibi lidades normales. Lo demás lo trae el azar. ¿Podía esperar d pianista Paderewsky que el tiempo haría de él un presidente de República? No se puede, pues, d e s c o n o c e r la fuerza de lo fortuito y de lo eventual en nuestro destino. Josefina se casa con el vizconde de Beauharnr is por una combinación JOSEFINA EN U S JARDINES KE LÍA MAI JiAISOJSr. (CUADRO DE PR. OBBÍON) (FOTOS PBEsrSA lESPAÜOLA) de circunstancias que el cálculo no ha podido prever, pues la elegida por la familia del marido, no fué ella, sino una de sus hermanas. Los Beauharnais querían como nuera a la menor de sus sobrinas, pero como ésta se sentía muy a gusto cerca de sus padres y la tentación conyugal no había hecho mdla todavía en su ánimo, quizá porque su temprana edad no la predisponía al vínculo, sus tíos acabaron por fijar la elección en favor de la hermana mayor, que era Josefina. El azar, que necesitaba sacar de la isla a la futura Soberana de los franceses, empieza ya a imponer sus desigrnios. Poco desipués, la bdla criolla devenía la esposa del vizconde de Beauliarnais. El matrimonio no fué dichoso sino breve tiempo. ¿Causas de los primeros desacuerdos? SegiSn los historiadores jacobinos, eí temperamento sensual de la dama y su carácter versátil. Una crítica más serena imputa la responsabilidad de aquel fracaso, a la inconstancia y el libertinaje del hombre. ¿Dónde estará la verdad? Probable mente en d punto equidistante de las dos versiones. Sobreviene la séiaración, y el vizconde, que es militar, reingresa en el servicio activo y se asocia a los aconten- mientos políticos. ¿Se habrá hedió republicano? No. Es un patriota que acepta la realidad y se pone a sus órdenes. El caso es frecuente, dicho sea sin desdoro de nadie, pues cada hombre interpreta sus deberes según su conciencia o su interés. Pero los tiempos son duros y nadie, ni aun sirviendo a la revolución, está seguro mañana. Se vive bajo una régimen de sospechas, y la ddación decide de la suerte del ciudadano que se considera más a cubierto de la desconfianza. Luego de haber mandado los ejércitos de la revolución en Valmy y en el Rhin, con bastante fortuna, el vizconde cae en desgracia. Robespierre está en el mando supremo y no cree en la fidelidad de los aristócratas al nuevo régimen. El vizconde y su mujer son encarcelados, y poco después la guillotina hace rodar la cabeza del pundonoroso militar. Su mujer, igualmente amenazada, se salva porque inesperadamente surge la conspiración del Thermidor, y Robespierre es una de sus primeras víctimas. Al abandonar su prisión, Josefina ve abrirse ante sti ojos d alba de P nuevo destii El Trono está a la yista... JKanuel BuenO.