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cristal de lo puramente familiar. Cuando se un hombre que hubiera sabido comprendersiente dentro de sí una personalidad, la con- la, María Antonieta no hubiese dado pábuciencia st siente enipuiada a la confni sta de lo a la niurinuración más li. yera. Pero algo que está más alia de sus limites. Es Luis XVI, pese a la dig- nidad de su exispor lo que debenfos ser indulj entes COTÍ los tencia y a la entereza de su muerte, no grandes caracteres que han realizado f? ran- se tomó la molestia de explorar aquel temdes empresas en cualquier dominio de la peramento de mariposa. Es el drama de no realidad. Juzg- ar a Cavour y a Bismarck pocos hog- ares. Cuando la mujer supera al con el criterio que aplicaríamos a los he- iiombre espiritualraente, la base de su techos de un sobernador de provincia es un licidad está en su resignación. San Pablo, método inadmisible. Wajfner no puede ser que era psicólogo, las recomienda obemedido con el rasero crítico que usaríamos diencia. con el autor de! Vals de las olas o del HimA Josefina, la primera mujer de Napono de Riego. león, k ha líegado también la hora, no de La posteridad, que ya había penetrado una rehabilitación total, sino esa otra hora en la obra militar y política de Napoleón, que, al explicar las ligerezas de una muclasificándole, provisionalmente, como cau- jer, inicia su posterior absolución. Con los dillo y estadista, busca ahora los iiltimos actos humanos ocurre lo que con las comrastros de su vida íntima. Nuestro anhelo binaciones químicas; la asociación y la dide saber es insaciable, i Cómo era el hé- sociación de los cuerpos dan resultados disroe por dentro? ¿Qué dio de su corazón y tintos. ¿Y qué es la crítica histórica sino de su tiempo el ajnor? ¿Cuál fué, entre ufi esfuerzo por conocer el contenido vital sus dos esposas, la preferida? Nada tan in- de una época? ¿Y cómo sería posible loconsistente y mudable como la opinión. Sus grarlo sino analizando, no solamente los juicios son de una frag- ilidad que asusta. acontecimientos, sino lo privado y lo púEdifica hoy para destruir mañana lo mismo blico de los personajes que los promovieque puso ayer sobre el pavés. ¿Cómo fiar- ron? L i veredicto contemporáneo de los nos, pues, de sus fallos? Nadie debe, pues, hechos es muy sospechoso, porque en él indesesperar del porvenir. Los historiadores terviene más la pasión, que ofusca, que la de la Re olución francesa, para excusar, sin imparcialidad, que ilumina. Aunque ello paduda, las atrocidades de aquel período, acu- rezca paradójico, la historia se ve mejor mularon todo el Iodo posible sobre la me- de lejo. s que de cerca. Los grandes acontemoria de María Antonieta, vituperándola cimientos necesitan, como las montañas muy como a la peor de las cortesanas. Cerca elevadas, que el observador se sitúe a mude un sig: lo ha durado la nefanda leyenda. cha distancia para contemplarlos. Nuevos documentos, examinados fuera de la Si alguna mujer tuvo derecho a creer turbia atmósfera política, están rehabilitando ahora a la aug usta dama, qu no fué en la magia de los augurios, fué Jo. sefina. nunca lo que se ha querido liacer de día, Todavía adolescente, la bella criolla que visino una pobre criatura sensible, de tem- vía la existencia sin cuidados de los ricos, peramento infantil, coqueta sin malicia y en una issla, donde c! poder del dinero es frivola sin grandes eg: oísmos. Casada con aún mayor que en una gran capital, sobre todo si va unido a las ventajas de la po- A PBOMEirirM, DEL ÜEí, PEI. qeWláii- lKHARAMBÜRB) m i