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El que hablaba así era Sherlok- Holmes. ¡Bueno, precisamente Sherlok- Holmes no era! Pero se le parece muchísimo. Tanto es el parecido y tal empaño pone el interesado en conservarlo, que sus compañeros de profesión- g nte dada a la broma- -le llaman por el nombre del famoso detective dé las novelas de Conan. Doyle y no por el suyo verdadero, qué aquí se omite por no ser indispensable al relato. Baste para la filiación del personaje saber que fuma en pipa por hacer tipo que pertenece a una agencia de policía privada y que es víctima de la obsesión áe su oficio. Estaba unas filas más atrás y se dio a conocer a Saturnino al enterarse de lo que pasaba. -i Usted no cree que esta desaparición es cosa de brujas? -Nada hay sobrenatural, caballero. Todos los hechos que se reg istran en la vida obedecen a leyes inmutables de la naturaleza. i Caray! -Lo que pasa es que hay que aplicar la lógica para explicarse lo- que parece más absurdo a primera vista. ¡No me diga Entonces ¿usted cree que se puede encontrar mi gabán! -Si aplicamos- él método deductivo, desde Juego. Veamos. ¿Usted ocupó su butaca antes o después de haber ocupado las suyas las personas que le rodean? -Después. Recuerdo perfectamente que entré en la sala cuando ya había empezado la representación y estaban en sus localidades respectivas las personas que a mi alrededor se encuentran. ¿No se ha movido ninguna? -Tal creo. Deduzcamos y señak- mos al randa por el procedimieinto eliminatorio. ¿Para qué quieren un gabán ajeno los dos diputados de la derecha? -T Perdón! De la izquierda. B i e n de la izquierda, pero que están a la derecha, ¡Para nada! Quedan descartados. ¿Y el crítico? Para hablar de Sófocles con motivo del estreno de una revista verde tampoco es necesario llevarse el gabán del vecino. ¡Descartado también! Quedan el juez de tercera, lindante con el crítico, y la familia de industriales de la fila inmediata ¡posterior. El primero está por encima de toda sospecha, y en cuanto a la familia... Y disparó sobre ellos la pregunta inquisitiva. ¿Ustedes no han visto quién se ha Ileyado el gabán de este señor? A la pregunta siguió algo que heló a todos la sangre en las venas. El alfjo fué que la hija mayor de los industriales se desmayó en la butaca. El escándalo fué imponente, -i ¡Agua... ¡Aire... Pero fué estéril la invocación a los elementos. La muchacha siguió desmayada en