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EL SUCESO DE LA SEA NA EL MISTERIO DE LA FILA DE BUTACAS (FOLLETÍN o se ha podido averiguar con exactitud la exclamación, porqvK son varias y muy distintas las versiones que hay del terrible y misterioso acontí- cimiento. Unos dicen que fué ¡Rechufas! otros aseguran que no pasó de un motlesto ¡Cascaras! y los más coinciden en que la exclamación fué algo muy en consonancia con los nuevos modos. LO cierto es que hubo exclamación y que ésta fué consecuencia de un heclK) como cierto es también que el hecho consistió crt que al caer el tel n del primer acto, entre las aclamaciones de una muchedumbre alborozada. Saturnino Cifuentes Corrales, de treinta y dos años de edad y estuquista de profesión, miró al respaldo de su butaca y se encontró con que no estaba en el su. abrigo. POLICIACO Alguien que se las da dé bien informado asegura que añadió al advertir la falta: -jimios... ¡Mi gabán! Miró a su derecha: dos personajes conocidísimos en la política. A su izquierda: un honradísimo crítico de teatros y tln juez de tercera ded Tribusial dé Cuentas, Detrás: una honorable familia, cuyo apellido brilla eií el cielo de la industria. Delante: ¡nadie! Se pueda decir que, salvo el vacío de la fila anterior y lo vacio del diálogo que se desenvolvía en el escenario, Saturnino estaba matei- ialmente bloqueado por la decencia. La sospecha no tenía cobijo en aquel círculo de honradez. ¿Cómo, pues, había desaparecido el gabán? -i Es imposible... Esto es de brujas! i Nada hay imposible, cabulero! N ¡Dios! ¡MI gabán!