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IB. idea de los pactos múltiples como un hueseen que entretenerlas y por el cual estin luchando desde hace ya varios meses. Se exigen de Alemania las cosas más imposibles on el único objeto de demostrar después que, al negarse a concederlas, Alemania es quien SÍ opone a la paz. Tampoco aquí se han tenido en cuenta las formas y los modos de la vida humana; hoy día, las indiscreciones cometidas en París han sido tan desmoralizadoras con relación a las intenciones verdaderas de ciertos grupos y personalidades, que no sería posible que ninguna conferencia las ignorase en adelante. Un diputado radical de la Cámara francesa dio una in formación sobre las sesiones secretas de la citada Cámara y en ella reveló sin equívocos que lo que Francia busca no son pactos, sino alianzas militares. El acuerdo, entre los generalísimos franceses, italianos y checos, en relaición con dichas indiscreciones, no significa un pacto europeo, sino clara y terminantemerte una alianza militar con miras a evitar todo intento de construcción de un sistema orgánico entre las naciones de Europa fundado sobre una base de igualdad. La opinión mundial consideró ridicula la negación- oficial francesa en conformidad con la cual la información sob e los acuerdos de los generalísimos, publicada ¡por la prensa alemana, no se sujetaba a ía verdad. ¡L a que no se sujetaba a la verdad era la negativa francesa! Porque no fué la prensa alemana la que publicó la información aludida, sino un periódico francés, de acuerfo con los informes recibidos del Sr. Taittinger, a quien el propio Flandin no desmintió, sino sen- cillamente acusó de indiscreto. P a r a quien quiera ver, el problema está planteado con toda claridad. Lo interesante ahora sería saber hasta qué punto estos innegables acuerdos militares son compatibles con los principios de la Sociedad de Naciones, que en su próxima reunión tendría que habérselas no solamenté con la protesta francesa contra la. restitución a Alemania de su sobeíanía, sino con la investigación de las alianzas militares en relación con sus fundamentos de, existencia, a fin de elevar su prestigio moral. Referíase últimamente la prensa francesa a las estipulaciones de la Liga: Al determinar un desequilibrio de la paz, todos los demás países han de volverse contra el causante del hecho. Desgraciadamente no podemos menos e reconocer que la Sociedad de Naciones Ha fracasado siempre en cuestiones de esta índole, ya afectasen a Europa, a Asia o a América. Y finalmente, y si es cierto que se discuten los tratados y su mantenimiento, desde hace muchos meses el territorio de Memel viene dando a todos los miembros de la Liga un oportunidad magnífica para demostrar su sinceridad y buena fe en relación con el cump imiento de los pactos. E n realidad, la jurisdicción en este territorio ha sido juguete de histeriísicos ¿yolíticós sin lí- mite, dirigidos sin excepción contra todo lo que fuese alemán: simultáneamente, esta transgresión de las costumbres europeas significaba un bofetón para los firmantes del estatuto de Memel, que son precisamente las grandes potencias europeas. Por dos veces han tratada de adoptar medidas en Kovno sin ningún resuiitado concreto, hasta el punto de que se llega a sospechar, justamente, que la violación de los estatutos de Memel por los lituanos hasido apoyada por los mismos firmantes. Aquí, también, habría ti abajo suficiente para la Sociedad de Naciones von vistas a restaurar la fe en la justicia fundamental, antes de que se preocupase de otras cuestiones. Todos los informes que nos llegan de Roxna están de acuerdo en señalar el esfuerzo en pro del frente común de Francia, Inglaterra e Italia contra la llamada acción unilateral de Alemania. Aparte del hecho de que semejantes acusaciones falsas nd adquieren fundamento por mucho que se repitan, antes bien encuentran una léplicí. continua e irrefutablepor parte del Gobierno alemán, el intento de crear un frente común en contra de Aleman ia, con anterioridad a todas las discUoione; contrasta con nuestras firméis aspiraciones de igualdad en todos los aspectos. Fraguaba- saya un frente común con- relación al problema de la igualldad y. desarme y a pesar de ello Alemania había demostrado la mejor disposición hacia las proposiciones británicas; pero entonces, es decir, hace un año, sobrevino la negativa categórica de Barthou a dar un solo paso en el caraiino de las realidades hacia la pacificación europea y por consiguiea te frustróse el intento ante la negativa francesa. Representa por lo tanto una ofensa a la verdad, acogerse a la petición de seguridad y defensa nacional de Alemania como una excusa para construir nuevos armamentos y enrarecer aún más el ambiente político, ya de por si bastante agitado. Gomo se ve, tendría mucho que investigar la. Sociedad de Ñacionies en las quejas francesas, examinando su valor desde todos los puntosde vista. Sería preciso determinar hasta quéextremo los armamentos de los diversos países firmantes del Tratado de Versalles constituyem. una violación de ese mismo tratado para podei investigar la justicia de una queja por partede una potencia que desde hace quince añosviene haciendo caso omiso de las estipulaciones de Versalles, armándose formidablemente. Sería precisó determinar también y saber si las grandes potencias, tan amigas de pactos internacionales, están lo suficientemente dispuestas a respetar uno como el de Memel y a investigar objetivamente todos los problemas que atañen a los estatutos del mismo. Y finalmente, la Sociedad de Naciones tendría que dilucidar el fondo de una cuestión que se refiere a todos los demás más directamente que a nosotrotrosmismos... -Aljred Rosetnberg. Copyright Oliera Mundi Press Service.