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AMPLIFICADORES DE BAJA FRECUENCIA EN LAS GRANDES CONSTRUCCIONES t arquitecto, como el ingeniero constructor, cuando proyecta una edificación, un puente, un cobertizo, vma presa de embalse, un depósito de agtias, etcétera, encuentra en el cálculo el indispensable auxiliar que le aseg; ure su construcción en cuanto a resistencia de sus diversos elementos y estructuras. Pero en todo este cálculo de resistencias se encuentra con tres condiciones, a las que siendo preciso atender en mayor o menor grado hay necesidad de poner un límite que, posiblemente, luego de ejecutada, la obra, puede ser sobrepasado con los riesHílc Tenso- -5 E Tw! r g os y consecuencias naturales- Estas tres condiciones pudieran enunciarse así: Primera. Límite dd coeficiente de s e g u ridad de trabajo de los diversos eiemeritos, impuesto por la necgsi (Jad econóniicá dentro de unos términos razonables. Segunda. Influencia de los agentesexteriores s o b r e los elementos constructivos que pueden producir cambios en su estructura molecular, interna o, superficialmente, modificando por tanto sus condiciones resistentes. Tercera. Sobrecargas accidentales im yt previstas; es d e c i r y. que exceden del límite Etecrro m n previsto para las soDrecargas accidentaies. M Es, pues, de la may y x i m p o r t a n c i a en multitud de construcciones, la vigilancia periódica, en previsión de catástrofes que podrían producir daños enormes. Tal es el caso, por ejemplo, para jio citar más jue uno. de las grandes presas hidráulicas, aue almacenan millones de metros cúbicos de agua y que en tnomentos de grandes lluvias o de rápidos deshielos pueden verse sometidas a esfuerzos, extra- ordinarios oue excedan en mucho a los límites previstos por el ingeniero constructor. De todo el mundo son conocidas las gr. andes catástrofes que han arrasado regiones enteras por rompimiento de presas de embalse, y con facilidad se concilse que si con tiempo se hubiese advertido que el peügro de rotura se iba a producir, se hubiera podido evitar en unos casos y en otros se habría logrado, por lo menos, disminuir sus terribles efectos, aun cuando sólo fuera salvando la vida de personas y animales. Pues bien; los amplificadores de baja frecuencia, esos mismos amplificadores que estamos habituados a ver instalados en bares, teatros, cines, plazas de toros, etcétera, etc. en cualquier lugar donde queremos que la palabra o la música llegue perfectamente potente hasta los más apartados rincones, -pueden prestar en casos como el propuesto eficacísima ayuda de vigilancia y ser con sus altavoces los que lancen señales de alarma, anunciando que el grave peligro se aproxima. Si dentro del espesor del gran macizo de hormigón que constituye el muro de una presa se empotra un tubo de acero, dentro del cual vaya tensado un alambre de una longitud determinada, dicho se está que como la naturaleza del alambre, su longitud y su diámetro son siempre los mismos, la nota musical que en su vibración produzca dicho alambre sólo dependerá de la tensión a que esté sometido. Como sus dos extremos están empotrados en el macizo de hormigón de la presa, claro es que la tensión del alambre variará según las cargas que actúen sdbre el muro de embalse y se elevará el tono al aumentar ¡a tensión, y viceversa. Explicado este principio, el resto es fácil de comprender. Todo consiste en hacer entrar en vibración el alambre, lo que se logra por medio de la corriente eléctrica enviada al arroílamiento de un electroimán después, recoger en un micrófono pequeño la nota acústica que produce la vibración del alambre y amplificar dicíia nota acústica en inten. 9i dad por medio de un amplificador de baja frecuencia. Unos altavoces convenientemente dispuestos lanzarán a! aire la nota más o menos aguda, que nos indicará la importancia de la sobrecarga que soporta la presa y dará la indicación de cuándo el peligro se aproxima. Será necesario, pues, al construir la presa, preparar en su interior todo este artificio registrador, pero ni ello puede entrañar dificultad alguna ni su coste merecerá en ningún caso el más ligero reparo. Verseo.