Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Fíltror de. armónico i 1 T ¿C X FIGTJKA 3. tes curvas, la sobrecarga de la lámpara sobreviene, pues las crestas de la curva de variaciones de corriente de plata serían las indicadas de puntos en 3 4 5 6 7 y como la lámpara no permite llegar a tales corrientes para una íensióii dada de filamento y placa, resulta que se aplastan las tales crestas y se. pierde por completo la fidelidad de reproducción, dando lugar a las distorsiones en la reproducción de la palabra o la música. El todo, iwes, estará en que las tensiones aplicadas á rejilla no sobrepasen ÍJÍ x or encima ni por debajo unos valores determinados, y para ello está el mandó de volumen. Generalmente hay mucha tendencia en algunos a poner todo el volumen para que se oiga muy fuerte, y entonces las distorsiones suelen ser verdaderamente feroces. Tal suele ser el caso de la radio escuchada en bares, cafés, etcétera. Es, por regla general, un verdadero suplicio de los oídos. Será muy conveniente, pues, para 1 aficionado que construye sus receptores saber hasta qué punto puede llevar su control o mando de volumen sin que su amplificador distorsione. Para ello puede seguirse el siguiente procedimiento. Gon un oscilador de frecuencias audibles (los hay y además es muy fácil construirlo con una sola lámpara) o coa un diapasón musical también puede liacerse, producimos una oscilación de una frecuencia audible fija, por ejenqdo, i.ooo periodos por segundo. Lo ideal sería que esta oscilación fuera completamente pura, libre de todo armónico, pero como esto será difídl en general de cons uir y comprobar, lo mejor es, antes de enviar esta oscilación al amplificador de baja frecuencia que queremos probar, hacerla pasar por un filtro qué no deje pa, sar ninguno de los a r mónicos. De esta manera, según vemos en nuestro esquema de la figrura 2. no pasará al amplificador más qué la fr uencia fui amental de 1.000 períodos. Ajhora bien; el mando de volumen en nuestro amplificador lo ponemos al mínimo, y la sali- da del amplificador, en vez de man rla directamente sobre él casco tetefójiicp, lo hacemos a través de otro filtro, pero éste calculado de tal modo, que nó deje pasar la frecuencia de i.ooo períodos si es ésta la onda fundamental en que hacemos los ensayos, pero, en cambio, deje pasar los armónicos de dicha oscilación. Naturalmente, en tanto que no haya sobrecarga en nuestro amplificador de baja frecuencia, no habrá distorsión, y, por tanto, no habrá armónicos. Lo único que saldría sería la nota fundamental, pero no la deja Kisar el filtro. En los teléfonos no se oirá absolutamente nada. Aumentemos ahora el volumen. Llegará el ínomento de la sobrecarga, de la distorsión, y, por tanto, de ios armónicos. En ese momento se comienzan a escuchar ruidos en los teléfonos, pues si bien no pasa por el futro ia onda fundamental, pasan los armónicos, que ya existen. Ese ínomento es el punto crítico del que no debe pasar el control de volumen si queremos tener asegurada siempre una recepción fiel. (Dlaro es que así es posible que sacrifiquemos algo la setisibilidad del aparato para las señales muy débiles, y precisamente por esta especie de incompatibilidad entre sensibilidad y fideli 4 ad es por lo que por regla general los receptores permiten en su mando de volumen U e r a límites que sobrepasan el de la distorsión, dejando a la discreción y buen gusto del radioaficionado el ajuste a su límite preciso, según la fuerza de las señales de la emisora que reciba. Tainbién pueden substituirse los teléfonos por un aparato de medida muy preciso, que en cuanto acuse la más pequeña lectura es señal evidente que se producen armónicos en el amplificador de baja por sobrecarga de las lámparas. La dificultad wa ror estriba en el cálculo filtro ele óncl fm m ntkf -AAA VVNAA V (3 í PlGtrK 4 4.