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ciún del hombre, dice: La carne de caballo, de escaso valor nutritivo como el terttero es, sin embargo, de fácil digestibilidad Por estas fechas el año jasado, con motivo de la celebración de la Grüner VV odher o Semana Verde en Alemama, se hizo en muctes poWaciones una g- ran propaganda de las carnes y en algunos sitios la referente a la carne de cateillo fué destacadísima, haciendo resaltar en carteles sus grandes propiedades digesti- vas. Hay quienes afirman que la liipofagia (comer carne de catallo) ha sido consecuencia del sitio de París, en el que escasearon losj comestibles, pero nos aseguran ló contrario los tnisinos historiadores franceses, entre los que podemos citar a Julio Mídhelet, que dice: Se ha realizado una revolución profunda. Hemos, abandonado el sobrio régiinen, francés, adoptando la pesada cocina ing- lesa lEn el año 1863, o sea, siete años antes del sitio de Piarís, el mismo Michelet escribe: No sólo liemos adopta: do la sangrienta y cada vez más T esada cocina inglesa, sino qtte además hemos introducido en nuestra alimentación la carne de caballo Y un escritor italiano, csomentan do la vida parisina en el año Í 8 7, tres años antes que el sitio de París, dice: I piccoli borghesi non si permettevano tnia garande, spesa di tavola. II loro ordinario consisteva in una minestra, un entrata, un pezzo di cavallo, un insalata, qualche fnitto e un pezzo di formass io El (primer prapagandisla die la carne de caballo fué Geoffroy- Saint Hilaire, profesor de Zocácgía en París, fall ido el año 1844, y cuya proijwiganda continuó su hijo Isidoro, ¡profesor tamibién de Zoolc jía y del Museo Anatómico, que en el año 1860 y debido a su gran influencia consiguió fuera autorizada la apertura de la primera carnicería hipofágica, inat rurándose coJí un banqttete servido con arreg lo al siguiente men ú Consomé de caballo, salcáhichón de cabaJlo, caballo al natural (cocido) caballo a la moda. Flageólefs salteados en grasa de loaballo (estos flageolets son diferta clase de judías de excelentes cualidades nutritivas) y filetes de cahallo en pebre con ensalada al aceite tamtíén de cabailo. A esta labor de los Geoffroy contribuyó asimismo el doctor Yvan, ei cual según dice 1 Plarifflana Néstor Rdqueplan, en el año i 7 ...se dedicó a hacer soibre la carne de catiallo y su aplicación en la nutrición humana exiperiencias muy apetitoías; él vio todo género de ventajas en engor te- para íntroducirío. s en eV comercio de la carnicería, los- caballos que habían dado sus primeros años a la Compagnie des Petites Voitures. siendo el precursor de Horse steak. En el año 1868, dos años antes del sitio de París, varios naturalistas y mieriíbros del J o c k w- Q u b de Londres organizaron una comilona a base también de carne de caballo. Para este banquete habían cebado tres puresniuj, cuyo valor fué de 150 libras esterlinas. A caíia trozo de ¡carne se le dio el trata- miento que le corresipondía según la edad. En el menú figuraban nueve platos a base de cabalio, desde la lengtia a los pies, desde el lomo hasta la médula, mezclados estos platos con otros de aves, crustáceos y vegetales y rociado todo ello con Amontiífedo. Jerez, Oíaanpagne seco, Chateau Perraine, Volnay, Saint Perray, Liqueur de lies, Madera y Moscatel. Un banquete, en fin, en d que no faltaron más que los seis peregrinos, en ensalada que se comió Gargántúa. E 3 caballo tiene sus principales etiwnigO! en el beefsteak y en el roastbeef, que con tantos prosélitos oiientan: precisamente algunas de estas gentes que se emocionan ante estos dos vocablos ingleses, de los que suelen comer una lamentable caricatura, son los que hacen los razonamientos más divertidos cuando se haWa de la carne de caballo, asegurándonos que es un excitante enorme, y hasta haíhiendo alguno que asegura conocer a personas en quienes la serenidad y la calma eran los más acusados distintivos de su carácter y que debido al uso de lá carne de católlo se han hecho irritables e inquietos; para fundamentar tal aseveración hablase dé las glándulas tiroides, suprarrenales, y paratiroideas, cuyas secreciones influyen en nuestro carácter e intelectualidad, en nuestras emociones amorosas, en nuestra excitabilidad; mal digeridas estas teorías de Qaudio Bernard y de Marañen, los mencionados detractores de la carne de caiballo hablan de la substancia tiroidea, como si hablaran del café con leche y nos aseguran. que como las secreciones son la trasformación que hacen las lándulas de las substancias alimenticias, el ídimentó influye, por lo tanto, en nuestro temperamento. Adepto de estas teorías fué también David Gárrick el principal intérprete del teatro de Slháke. speare; deoía el gran cometliante que cuando tenía que representar héroes comía carne de buey y de carnero cuando tenía que representar tontos. ¿DeÍ emos o no comer la carne de caballo? No olvidemos que los prejuicios, se. gún cierto filósofo, son las enfermedades del espíritu humano. No lo comamos contra gusto porque alguien ha dicho que la rejwgnancia del hombre cambia en venenos mortales los más adecuados alimentos destinados a conservar su vida. Y, si estas dos consideraciones no nos determinan a tomar fcste o. aquel camino, desinués del episodio que vov a contarles, resolverán. En un restaurante donde despachan carne de caballo, entra un parroquiano y dice al camarero; -Sírvanme al vuelo un bístef de caballo, que tengo el estómago vacío, Otro parroquiano aue ha comido ya, encarándose con el recién llegado le dice: -i Dichoso U 5 fted que tiene el etómaíío vacíol... yo en cambio, lo ten. go ocupado con una carga de caballería. Gonzalo Aveíío.