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PEGASO EN LA CARNICERÍA U NO- de los muchos re es que en pago urraca, y cierto reptil cilindrico mail llaa su bondadoso coniportamiento pa- mado anguila de Inxsque y que algunos méra- con sus subditos murió asesinado dicos del siglo XVTI, entre ellos el francés por uno de ellos, después de treinta y cua- Lemery, aseguraban qué La carne cocida tro atentados frustrados, fué Enrique IV. alimenta poco, pero purifica la sangre; sin No vamos a hacer aquí su apología, que embargo comemos y coriiererhos la ballebien hecha tiene la Historia, pero sí tene- na; en mudhos sitios se come el buche... y mos que hacer un pequeño reparo, es el empezamos a comer el caballo avalada su de que, en vez. de haberle llamado E! Gran- venta facultatri amente, porque suplantando de, debieron de titularle El Iriconmensara- otras carnes, es decir, en la clandestinidad, b e, sobrenombre bien ganado, aunque sólo Dios sabe cuántas veces la habremos comisea por cierta frase, trasunto fiel de su ge- do: reciente está el caso de Sevilla, amén neroso corazón para con su pueblo. Esta de la que entra en los embutidos. frase a que hacemos referencia, es la si- Acabo de decir que empezamos a comerguíente: 151 día riiás feliz de mi, vida será la, porque la gente no acaba de entrar de aquel en que el pueblo francés pueda edhar lleno en su consumo. Hemos sido irrespediariamente un pollo al puchero tuosos cori divinidades como el Buey Apis No sabemos si este sinipático anhelo del y el Toro Ormuzd, y en cambio le ponemos monarca fué el que indujo a Ravaillac a teparos a Pegaso. asesinarle, pero nos stíponemos que aun Reailmente es injustificada tal hostilidaíl, cuando el buen rey hubiera vivido más que puesto que la carne de caballo, además de Matusalén, el pobre se hubiera tenido que no Twder ser vehículo de la tuberculosis, morir sin conocer, el medio de ver reali- principalinente por ser caballo, es agradazados sus deseos: y aun cuando según Tu- ble y tierna y admite todas las preparaciorró El origen de todo conocimiento está nes del buey y de la ternera. El doctor en en la necesidad de comer creo firmemente Veterinaria de Milán Sig. P. A. Pesce, en que no existe ni existirá quien vea reali- un trabajo sobre la carne en la alimentazada esa fantasía, sólo comparable a pretender asitir a un souper tango en la luna. íEntonces, como hoy, hay que comer lo que nos puedan dar, y que no falte. Hace algunos años, cuando oíamos decir a (uello de ave que vuela a la cazuela y eixe aue nada a la caldeirada hacíamos ciertos a s p a v i e n t o s remilgosa opinión de nuestro paladar, pero hoVi tal cuaS vamos viviendo, vamos dando la razón a aquellos que no consideran necesario s e l e c c i o n a r unas aves, y unos peces de otras, especi- es inferiores. Ciertamente hemos eliminado de nuestras mesas muchos manjaires que hace bastantes años eran objeto de toda consideracjórj, tales ¡como Ja nutria, el castor, la cigüeña, el cormorán o cuervo marino, de gran aceptación, precisamente durante el reinado dei mencionado E n r i q u e IV, la