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y los infantes. Y a pesar de la campaña que se hizo contra el nuevo sistema de viaje, campaJDa que tuvo resonancias en las Cortes, hinchada de tristes presagios y de augurios que daban por derrotadas a las diligencias, éstas aiumentaron prestamente, pues a la primitiva Sociedad catalana que las implantó, sumáronse la de caleseros de Burgos, y a ésta la de diligencias reales, y más tarde vinieron las llamadas peninsulares, las del Norte y las del Mediodía. Así, poco antes de mediar el siglo jM. sado, Madrid tenía im servicio de diligencias a tcídas las capitales de España, a varios pueblos de importancia y a los balnearios cíe mayor concurrencia. También había viaje diario a Bayona, para dónde salían las diligencias de la calle de Alcalá, 15, y de la del Correo, 2. El via te a Barcelona costaba 460 reales en berlina, 420 en interior y 380 en rotonda. A San Sebastián, 391, 353 y 315. A La Coruña, 400, 360 y 320. A Zaragoza. 220, aoo y 170. A Sevilla, 360, 320 y 280... La diligencia más rauda hacía el recorrido Madrid- Barcelona en setenta y ocho horas, diez de las cuales eran de paradas, tanto para descansar en Zaragoza cuanto para los cambios de ganado. Está insólita novedad de plantarse en Barcelona desde Madrid en poco más de tres días se tuvo por una maquinación diabólica, muy peligrosa. En los pueblos, cuando oían los relatos de estos viajes, se tapaban los oídos, como si el vértigo sonara en ellos a grandes y estridentes trompetazos. Los ferrocarriles. Pero hulx) un día- -9 de febrero de 1851- -en que estremeció la barriada de Atocha el silbato del primer tren que nacía en Madrid. Fué un pitido que resonó en toda la Y ASI D 3 S FEO PüiB B L ALTOMOVII pm PANH- A K D, I. ÍÍVASSOÍB, a t í E AN- trNCIABA LA SXIPBKACIftS J E ¡j B O d A B R I I E N líN VBETIGO p B AljaOOtA- cvxr