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do vuelo circular, ese movimiento eterno de él y por ella. Estoy sejruro de que una y resreso, para intentar e plicánncio con lo. s otra vez miden los dos con la mirada cí fríos conceptos de la ciencia. abismo y contemplan el enn) alra lo de la La g- olondrina. mirada de cerca, es un calle... Para mí, lo confieso in. arenuanicme, páiaro feo y extraño, hay (ue confesarlo; el espectáculo es srrande y conmovedor. l s pero esto se debe precisamente a que es e! menester que el hijo cn- ea a su madre y que pájaro por excelencia, el ser nacido para ésbi tenga confianza en las alas del pequeei vuelo. La naturaleza lo ha sacrificado ñuelo, tan novicio todavía... Es preciso en todo a este fin: despreciando la forma y anitos un acto de fe y de valor. ¡Nohlo y sólo pensando en el movimiento, ha conse- sublime primer paso... Pero e! lujo lia uido tan completo triunfo, que este paja- creído y se ha lanzado y no se cae. y, aunro, feo cuando parado, es e! más hermoso que temblando, vaga por el espacio so de todos a) volar. Tiene las alas en forma tenido por el paternal soplo ie 1 cie! j y por de sfuadaña, saltones ios ojos, carece de los tranquilizadores j ritos k- su madre. cuello, para triplicar la fuerza, v casi tam- Todo ha terminado bien. Kn adeiaiiic, el bien de pie, todo es alas. pequeñueío volará indiferente al través de Si la íTolondrina no iguala en línea rec- los vientos y de las tempestades. forta! eci io ta el rapidísimo vuelo del halcón, en caro- con esta primera prueba, en ¡a cua! la Ubio es mucho más libre y dueña de sus mo- ¡e ha prestado sus alas. vimientos, pues sin fatiíjarse nunca, gira. describe círculos, un dédalo de figuras caEl nido no es para la s- oioiKlrma la caprichosas, un laterinto de curvas variadas, ra nupcial de un instante, s. no. un lioque cruza v vuelve a cruzar hasta lo infi- S ar, una vivienda e interesante teatro de nito, que deslumhran, pierden y marean al educación dificulto. sa y de los sacnív enemiso, que fatigado, extenuado, renun- Os mutuos; morada en la que a lemas ic cia a su persecución. Es Ja verdadera rei- VP madre tierna, de una esposa he) hay na del aire, del espacio, cuyo dominio le enes hermanas que ayudan sohcnas a da la incomparable ajrilidad de su movi- f madre hermanas que a su ve. son mamiento. Añádase a esto el anchísimo pico drecitas de lujos mas pequenuelos odav. a: de que está provista, siempre abierto para 1 f TM enjruliir v que durante el vuelo trabaja sin el cuidado y la enseñanza mutua paSsa, i no causará admiración el saber es pertenece: donde ha anid. ique come, bebe y se baña volando v vo- 4 f -f lf a. A lando alimenta a sus hijuelos. e u e l v e n todos N. s anos, y en el se su; ceden las í eneraciones con mas reüuianr 1 i dad que las nuestra Extintruida o disper ¿Queréis ver dos cosas asombrosamente da j familia propietaria de la casa o. anaio, a: as. pregunta Michelet. Contemplad S olondrina a la mujer al dar su hijo los primeros pa- acudiendo a elia, en la que consersos y a la jíoíondrina ante e. primer vueo j, posesión: aun cuando et. de su cria. Mujer y ave experimentan la n reparaciones conmisma inquietuo, una y otra se valen- de siderables v se la derribe en parte v por os mismos estímulos, de los ejemplos y de j j j alUañiles, las avertencias; una v otra finpn seeuri- g g, jj estos pájaros fieles, de perdad, cuando sienten miedo en el corazón y severante memoria, v se alojan debajo de tiembla todo su ser... Nada t e m a s- i- ventanas, y de nuestros teiados. c e n- no hay co. sa mas facd. j e nuestras chimeneas. No sienten nin: Las lecciones estas son cunosa. s. La ma- j e nosotros. Cualquiera diría dre levanta un poco el vuelo, mientras el fj 3 incomparables alas; pero avecica la mira con atención v la imita; j j luego, aquella empieza a revolotear y la- s, s hijuelos al alcance de nuestras rnacria también la contempla agitando las os. De esta forma se hace dueña de ia alas. Hasta aqtji todo va bien porque todo j corazones. se etectua en el nido; pero donde empie za la dificultad es cuando se trata de pracLa golondrina vuelve siempre, pero no ticar fuera. La madre llama entonces a su para todos. Por sentirlo asi, el eximio JKXpequeñuelo y le muestra al. guna caza ten- ta Ruckert. siguiendo e! vuelo rítmica v tadora, un mosquito, cebo con que inten- circular del ave del retorno, compuso el í ta atraerlo, recompensa con que le brinda, guíente canto, que ta! vez haga reír a alüuE! pequenuelo vacila todavía, y es natu- nos. pero también llorar a niuc! io ral. ¿No hacetnos no. sotros lo mismo en ca Sin cesar resuena en mis oido un cansos semejantes? Y no se trata aquí de dar to de la juventud... ¡0! i. cuan lejos, ciián un paso por la habitación, entre la madre lejos está lo que en aquel tiemim fué! Ln y la muera, con el suelo protegido por mu- ríe consigo trae la primavera, la fue con Ihda alfombra que amortigüe el golpe, caso sus alas pasa rozando las casas de! iUle. de una caída. La golondnma, que en lo ¿c nta todavía lo mi. Sino que cantaba alto del campanario da su primera lección Cuando Partí estaban hcnrhidos el anmino de vuelo, apenas se atreve a alentar a su y d cofre: pero. ¡a al- H vcr tío iiall, hijo en este momento decisivo. Tiembla por más gue el vacio. Hogar mío, brjsf. ir lc mi