Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
...TBKGA USTED jEaf CÜBXTA QUE EL. MARIDO LA AlaAICDONO EN IjOS MEJORES A S O S TIE SV VIDA... rre el tiempo, y pasan años y años, muchos, cuarenta, quizá algunos más, y un día, el olvidado marido vuelve al hogar que abandonó. Y vuelve maltrecho, destruido, desgastado por una vida de locuras... y pide acobijo, y pide limosna de bienestar, y pide perdón. Los dos viejos quedan frente a frente, reconociéndose apenas. El, implora, ruega, pero ella se alza sobre el recuerdo de su dolor, de la humillación sufrida, de las ilusiones rotas, y enérgica, inexorable, arroja lejos de sí aquel recuerdo de hombre, que anhela probablemente en el perdón, la llave tranquilizadora de un asilo. Escuetamente, el asunto es así. Lleva algunas, muy pocas, pinceladas de alegría: lleva, en cambio, muchísimas de amargura y de pena. Mano maestra al trazar los caracteres. La pluma ha deslizado por las cuartillas bellas frases de que se! ia de vestir la comedia. x lgún diálogo ha sido terminado. Otros, aunque abocetadamente, apuntan ya- todo el color y fluidez de algunas escenas. La lectura termina. El maestro queda unos instantes pensativo, y ¡a lectora lo mira atentamente, llevando prendida en sus ojos una gran interrogación. ¿Le gusta a usted, maestro? -Me gusta, sí, pero... Dígame, sin temor. -Están trazados brillantemente momentos difíciles. Me gusta, sí. Sabe usted llegar al corazón, hablar al corazón, hacerle llorar. -De él me acompaño al escribir. Guía mi pluma. -Pero... Dígame, maestro... ¿algún reparo? -Uno sólo. -Ya le escucho. -Me parece justa la indignación de la protagonista. -No es para menos eL caso. -Me parece justificado el dolor, la ira, pero... -Maestro, tenga usted en cuenta que el marido la abandonó en los mejores años de su vida. En esa edad en que, para todas las mujeres, resplandece el sol en las alturas, y con su bendita lluvia de oro, todos los días trae hasta su boca, con una amable sonrisa, un beso de ilusión.