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vuelta de vcíitaja. No es que vaya detrás: es que se ianzó el i tii o cotí tal ímpetu, que ha dado una vtidta ya y está alcanzándolos. jCómo explicarnos si! io ía admiración que ahora existe, iwr ejempio, por Sar ¡to Tomás de Aquino? ¿Cómo explicarnos (lue aíiora vayan los historiadores de la cieticía filosófica dan io tanta importancia- -sí no más- -Kjue a los oíros filósofos, a la filosofía patrística, a la filosofía que antes apenas si citaban, en dos páginas, páarinas empleadlas en decir jue la filosofía de los padres de la Iglesia comenzaba por no ser filosofía? Pero estamos hablando de obras de arte y de fotografía. El cavernicolistno en el arte es hoy considerado mundtalmente coroo no de los prodigios más notables ixrc ofrece la h. istoria Itmnana. Ascmdira la perduración y asonibx- a ia maestría. Y asombra también algo má, s, más asombroso que todo: la modernidad de esas obras cavernícolas. I o más sorprendente es que los hombres de las cavernas pudieran hacer arte c ahora es moderno El término cavernícola no ha de implicar, por tanto, ni con mucho, sentido pcyoratsvo. Pero siempre, desde luego, a conílición. de que tío se estacione. I- as cavernas de hoy vienen a nosotros: no nos vamos nosotros a pintar a días. La solera se adfiuiere en la quietud, pero destinada a saCaX! i; DE LA. VENTOSA. CHILLE DED iKYIH- i) XGVA.