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REMEVB DML AI TAB MATOH DB LA HEAX. CAiPllLA QUE EJEPJlBSIEajTA A SLOSf OATOILIOOS. MaNABCAS CON SU CORTBaO DDE CABAJJSEBOa EKT Bl. ACTO DE liA ItBas I H GHAIfAÜA, (Í W W S PBITNSA E S P A Ñ O I rres penacheras de las murallas granadinas, mientras se conciertan las capitulaciones de Granada, la Reina otorga su amparo a Cristóbal Colón y le proporciona medios para emprender el viaje que tiene por término el descubrimiento de las Indias occidentales, del Nuevo Mundo, del continente qué, por casualidad, se llamó América, cuando pudo y debió llevar el nombre de su perínclita Madrina. Así Granada simboliza el final y el comienzo de dos gestas: final de la Reconquista a través de ocho siglos de pelea; comien, zo de la unidad nacional y de la era de descubrimientos. Allí Castilla se hizo España y España se engrandeció con los imperios de América v luego de Filipinas. Lo más puro del sentimiento español, Religión y Patria, encamaron en Isabel; la idea eyangdizadora, alma de su alma, la impulsó a llevar la Cruz a las torres del Alcázar de Alhamar y a las lejanías de un mundo ignoto. Y esa idea, por la cual se logró la mayor hazaña que ha realizado la Humani- dad, tuvo cuna y trono en el cuerpo de la Reina sublime, cuyas cenizas descansan en la magnificente Capilla que recibe ofrendas de plegarias y de flores, pero... infinitamente menos numerosas de lo que la gratitud reclama. En ese relicario está la mejor gloria de Granada. Antes y primero que sus monumentos arquitectónicos, la joya admirable, la joya única y sin superación de la ciudad del Darro 3 a que pide que todos los españoles se arrodillen ante ella y le tributen admiración, es üa tumba de la Gran Reina. Allí hay que buscar inspiraciones y retemplar el sentimiento. Y de allí, como de un Jordán regenerador, puede resurgir sana y salva esta Patria que fué grande y que volverá a serlo en cuanto los españoles, levantando el alma a Dios, quieran y sejtan aprender y practicar la lección de su santa Soberana: cumplir y hacer que todos. ciimplan su deber. J de Córdoba.