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ARA el turismo europeo, el niás poderoso atractivo de la visita a Granada se cifra y compendia en ía contemplación del maravilloso Alcázar elevado por Alhaniar el Nazarita. También, paríi muchos turistas españoles, lo principail y casi lo único digno de admiración, n Granada, es la Alhambra. Puede dsisculparse que los extranjeros, atentos al deleite de los sentidos, antepongan a otras satisfacciones la que les ofrece e! espectáculo del Palacio árabe, profligio monumentail donde alarifes geniales apuraron ios primores de su inspiración. Pero no hay disculpa para los españoles que, amando a España y rindiendo caito a sus glorias, no coloquen sobre todas las grandezas y liermbsuras, invíitadcwas de P una peregrinación a Medina Gariíatljai, la perspectiva de una emoción verdaderamente inefable: la de prosternarse ante los ataúdes guardadores de las cenizas de los Reyes Católicos, especialmente ante el que encierra las venerandas reliquias de la santa y sabia Isabela, Madre de Espaíía, Madrina de América, y, por la gracia de Dios, Reina de Castilla, de Ijeón, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de las Maillorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algeciras, de Gibraltar, y de las islas de tierra de Canarias, Condesa de Barcelona, Señora de Vizcaya y de Molina, Duquesa de Atenas y de Neopatria, Condesa de Rosellón y de Cerdaña, Marquesa de Oristán y de Gociano. í f mmwi E N LA MISZQUINDARI VE ESTA HÜMIJ ÍDE C R I P T A T A L A D I E S T R A D E L Í N C L I T O MONiAHCA, DTTBBMB Eü BTSRNO STJBSO L A HSXCELSA A R T I P I C E D E LA irNUJAD NACaOKAL, LA POBJAKO-