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i aquí me ííciies, lacero de mis noclies desoladas, aljibe para mi sed, paiuielo para mis láiSjrimas, venda para mis heridas, eco de todas mis ansias, cabezal de mis cansancios, clarín ipara mis bataJlas, remanso a mis turbtslMicias y njiei para mis retamas! ¡Aquí me tienes, hincado, Síingrante y rota la planta, un puro jirón la carne, ía voz de llanto empapada, hechos g- alopes los pulsos, hedió el corazón pleg aria, Ja frente contra tu polvo, torpe la lengua y amar: ga y el tuétano de mis huesos calado de m nostalgia! ¡iVuelva a acunar tu regazo al hijo de tus entrañas! en tu servicio prospérame, acréceme en tu ganancia y esas venas que en tus ríos, no contentas con ser plata, oro para cien coronas en S. US arenas arrastran, i al darme, otra vez, bautismo, me den de nuevo a tu g r a d a! Glorioso dfe confesarte, mi labio, por fin, te canta; cías, al pronunciar tu nombre, el corazón se me) pa. ra: Sati Sebastián amarrado al tronco de tn olvidanza, saetas de mil recuerdos crueles me lo traspasan; ¡hocas abran a su carne pa ra llamarte Granada! para pedirte perdones; para rezar en tus aras! ¡Qué iejo y qué pobre llego al píe de tus alcazabas! Tus g entos no me conocen cuando por mi lado pasan y son tus calles- i tus calles l viacrucis a mis pisadas. Perdí el eco de tu risa... i y así está de sorda el alma! ¿Cómo era, que no me acuerdo, aquel runior de tus aguas? ¿Qué luz la de tus jardines? Qué sol e! de tus montañas fragan. tes de manzanilla, bruñidas de nieve casta, encintas de mÜ veneros ti onchados en sangre blanca? ¿A qué olían tus claveles? ¿Cómo tus copias cantaban? ¿Qué milagro el de tus brisas? ¿Qué bronce el de tus caiiipanas! Ay, romería del Cerro, verbena de Biharrambla, mañanita le aíiuel Corpus, noche aziii de la Mariana! ¡Ay, de! a ilusión primera! i Ay, de la primera brasa con que sentí derretírseme la carne joven y brava! ¡Péncales del Sacro Monte y alamedas de la Albainlira i... i Ay, de la primer cong oja! i Ay, do la primera palma! ¡Ay, de los aves de! mundo, a, y de mi vida, Granada, que en la cruz de tu recuerdo cuarenta y seis años clavan! La que vive en la Carrera tan dolorida y tan. guapa... i Que Esa Señora- me falte y riunca jamás me valga, si no os verdad que mi voz se está derriti: endo en lágrinías! ¡Ay, Granada, si me vieras! i Ay, si me vieses, Gratiada! ¡por la gloria de mi padre que bajo tu tierra blanda- -caricia y no pesadumbre- -de su pelea descansa, verme como verías tuviera que darte lástima! La fi- ente- contra tu polvo, to! pe la lengua y amarga, el tuétano tle mis huesos calado de tu nostalgia, hechos lo- j ojos canales y con las manas cruzadas, hijo pródigo que vuelve al regalo de su casa, vacías de oro las manos, llena de arrugas la cara, aquí me estoy, de rodillas, y si tú no me levantas ni tu regazo me acuna, ni me perdona tu gracia, encontrarán mi esqueleto arrodillado a tus phmtas! Manuel de Góngora, TORKES DE I- i iLHAMBHA. (DIBUJO DE 1 S 3 3 FOTO T O n s E S ilOUÍTA)