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¡RESUCITARAN! te L pueblecito era blanco. Mucho más amenazaban a los más débiles para la deblanco que los, pueblecitos que sólo fensa, letreros salvajes y soeces sobre la son blancos por licencia poética o blanca cal, como pájaros siniestros sobre por contraste con los fondos exsiltadores del la víctima; letreros y dibujos alegóricos, blanco, como el verde de los prados y el como si la canalla rencorosa hubiese invenazul de los cielos... EH pueblecito era blan- tado sus antiblasones de antinobleza. co, blanco deslumbrante de cal levantina, Y la vida toda del pueblo había camque lo embadurnaba constantemente de arri- b ado con la aparición de aquella plaga caíba a abajo con la sola excepción! de la torre da sobre el pueblecito, que si antes era de la iglesia, que era morena como un ci- blanco desde dentro y desde fuera, ahora rio viejo. Y como la llama de un cirio, la era negro desde dentro, aunque de lejos voz de sus campanas en lo alto. El pueble- pareciese blanco. Las fiestas de unos eran cito era blanco de lejos y de cerca para duelos de los otros. Ni la fiesta mayor del ojos de poeta y de menestral, a la luz del Santo Patrón era regocijo hermanado. Ni día y a la de la noche. El pueblecito era el humilde entierro merecía el respeto míblanco, blanco. nimo del silencio y el paso franco. Sobre Pasión de enjalbegar dominaba a sus el blanco pueblecito había caído un terrible mujeres, que al menor acontecimiento pre- mal, un mal terrible y negro. paraban la lechada de cal en los grandes La abundante cosecha ya no significaba lebrillos y armaban sus pinceles con largas un beneficio común, sino que servía para cañas. Por las fiestas del pueblo, o por la aumentar el odio. La dulce lluvia no era un fiesta familiar, porijne la lluvia había des- don del cielo, sino un accidente meteorolólucido, o porque el sol había ennegrecido... gico que hacía incómodo el caminar... Y Porque la fachada vecina parecía un pun- el trabajo no era satisfacción y alegría, to más blanca. En definitiva, porque era sino carga y mal humor. Y el salario no su pasión enjalbegar, el pueblecito era blan- sólo se destinaba a sostener el hogar, sino co, blanco. Blanco por la gracia de D: os. también a mantener aquella lucha que enAsí era y así debió ser desde siempre. cendía de negros y rojos letreros las blanDesde, tiempos de moros, que ellos lo ha- cas paredes de cal. bían alzado, aunque después lo al siran más No se crea que soy enemigo de los polos cristianos construyentio aquella torre bres, no se crea, porque no merezco casde la iglesia, tan morena y tan disparada tigo tan grande... No se trataba en aquel al cielo azul. pueblecito blanco, tan blanco, de justas reiLos forasteros, sobre todo la gente fina vindicaciones, no... Allí había, como en tode la ciudad, decían al descubrir el pueble- das partes, pobres y ricos, pero sólo con la cito: diferencia que puede marcar el trabajo y- -Parece de nieve. la previsión. Una cosa os voy a decir: haY era verdad que parecía de nieve, y aun bía pobres y ricos, pero ningún matrimose podría decir que era un pueblecito de nio dejaba de tener una casita para poderla nieve auténtica... si la nieve fuese caliente. enjalbegar. Pero un mal cayó sobre aquel puebleciAntes se reunía la gente junto a la lumto, no sé si para castigar su desmesurada bre del hogar, y se contaban historias y se ambición de blanco. Un mal terrible, como leían papeles y se rezaba el rosario. Tamlepra para el saludable cuerpo humano; un bién había un loca! para hacer teatro y cine, mal de afrenta y vergüenza, como mandia V en verano, todos los sábados se agrupaba de mala enfermedad en la piel delicada de el pueblo entero n la plaza Mayor para la mujer hermosa; un mal cayó sobre aquel escuchar la banda musical... Antes del tepueblecito, sin que nadie pudiera explicar- rrible mal. Antes, el pueblo estaba dividido lo, ni meiios aún remediarlo... Un mal de en dos bandos, es verdad; pero dos bandos semilla sinestra, imposible de extirpar; un sin malicia, a los que solía, pertenecer la mal contra su blancura inmaculada, un mal gente sin más razón que la herencia famique se extendía más y más, sin que fuera liar... Dos bandos que sabían estrecharse la suficiente toda la cal del mundo para aho- mano a tiempo y aun resolver sus diferengarlo: letreros de odio y de incultura en cias con afán de superar al contrario en el rojo y en negro ensuciaban las nítidas fachadas de todas las casas, letreros qtie ofen- rumbo de las fiestas y en el blanco de las dían los nobles sentimientos, letreros que fachadas. Ahora todo ha variado, la gente sólo se E