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TRIBOU 5. KT I HAT DICHAS EN BL ODIO! (D- IBUJO r É BEJAÜCB) Ahora, al cabo de los años, cuando el romanticismo es una pieza de museo, mueve a sonrisa y aun a risa escuchar el sonido de la trompa con que el implacable Dttque de Silva conmina a D. Juan de Aragón a que se suicide en la noche nupcial, cuando está a punto de conseguir lo que se llama felicidad en la tierra. Y al desplomarse en escena doña S o i Hernani y el Duque, aute los cuerpos de los tres suicidas, el espectador se encoge de hombros y murmura compasivamente: ¡Estaban locos I y esta misma exclamación puede aplicarse a los finales de casi todas las obras de Hugo. La cumbre del teatro hugoniono. Por una vez, olvidando el tenaz empeño de instituir el teatro nacional, el Maestro llega a hombrearse con Shakespeare, y en un acierto de plenitud artística produce su gran obra escénica, su obra monumental Los Burgraves. El autor expone en un prólogo lo que ¡uiso hacer: reconstruir la existencia de los terribles magnates germánicos, presentar conviviendo a cuatro generaciones que simbolizasen la expiación, estigmatizar la frente del abuelo con el crimen de Caín, poner en el corazón del padre los instintos de Nemrod, en ei alma del hijo los vicios de Sardanápalo, y dejar entrever que el nieto podrá ser criminal, como sus antepasados, por pasión, por ferocidad o por corrupción. Mostrar- -convirtiendo la abstracción filosófica en realidad dramática- la degradación de las razas y dar intervención a la Fatalidad que quiere castigar y a la Providencia que quiere perdonar. Y quiso que la Providencia encarnase en el Emperador Federico Barbar roja y que la Fatalidad se personificase en la esclava Guanhumara- té- trica, feroz, vengativa. alma de sombra y maestra en la ciencia de las tinieblas. Y el dramaturgo triunfó gloriosamente al realizar este gran poema en prosa. Hugo llega a lo sublime en el desenlace de Los Burgraves. La Providencia vence a la implacable Fatalidad; sobre la esclava se yergue el Etnperador magnánimo, y el odio queda anulado por el perdón, Y el hogar, la patria y 1 familia; sentimientos fundamentales de los burgraves, aparecen iluminados y caldeados por un rayo de amor puro, luminoso: juventud, esperanza, porvenir. En Los Burgr aves se contempla la decadencia de los titanes, la degeneración de la epopey 4 a. Y porque Víctor Hugo- -desprendiéndose de prejuicios- consiguió igualar la realidad con el pensamiento, esta obra perdura y perdurará como la Gran Pirámide de sus producciones teatrales. En ella- -v aquí concluye el parafraseo de, las palabras del Maestro- -el poeta Ihizo que caminasen las estatuas y que se arrastrasen los tigres, y entre estatuas y tigres colocó hombres. Al lado del terror alzó la compasión. Y bajo las garras de acero y bajo los pies de piedra puso, para que fuese triturado, el corazón humano. M. 1 Blanco- Beimoníe.