Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MAHIA TDtJOR iXU GO) M. IRA BIBN- E S A TJBSTA... ¡TOJ I M JJOV (U I B U J O l K ííuWiin- BIrll, beradaniente, que el público, su público, no saliese del teatro sin haber recibido una enseñanza moral, austera y profunda. Porque el poeta, cuando lleva sus creaciones a la escena, tiene que cumplir- -según Hug- o- -con los deberes que le impone el Arte, pero está obligado a desempeñar una misión de consejero de las conciencias, de pastor de almas. Dos reinas. Lo grande y lo verdadero. Estos son los dos objetivos del poeta en el teatro. Kn ellos se compendia todo. Porque la verdad encierra lo moral, y lo grande encierra lo verdadero. Así, después de esta profesión de fe dramática, formulada hace cien años, el Maestro quiere demostrar sus afirmaciones y exhibe en el proscenio a María Tudor: Rei- na y mujer. Y la muestra grande como Reina y quiere presentarla verdadera como mujer. La nmjer tiene un amor en el alma, y con la Reina surgen en el escenario dos tremendas figuras históricas: el favorito y el verdugo. En segundo término, y sin perjuicio de avanzar hasta primera línea, asoma la humilde y amante Juana, rosa de pasión, que por el dolor de amar se transforma de niña inocente en mujer dispuesta al sacrificio. l ero, en la demostración teatral, el autor alcanza sin esfuerzo el objetiva de la grandeza y no llega ni remotamente al de la verdad, porque la verda i no es compatible con los artificios y delirios del romanticismo. María Tudor procede a iiripulsos del amargo despecho que le ocasiona la traición de sti amado favorito. María le Nen-