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la verdad de lo humano. No es que el dramaturgo mienta, no es que pretenda engañar, es que se equivoca, y por virtud de un wipejismo imaginativo deíorma a los personajes, agigantándolos o empequeñeciéndolos en la medida que lo requiere la necesidad de producir y desenlazar el cdnfliclo. Ksquilo y Shakespeare son, como Homero, Miguel Ángel y AHghieri, los Grandes del Universo. Hugo es el Grande de Europa. Su vaso, aun cuando más pequeño, basta para contener raudales de poesía y de ternura. La curruca, de rubia cabeza, en una gota de agua bebe un mundo: inmensidades. Y hay infinitos de emoción en los acalenturamientos hugoníanos. Puede juzgarse a los hombres solamente por aquello que consiguieron; más noble resulta juzgarlos por lo que intntaron, y más humano y razonaMe parece enjuiciarlos juntamente por lo intentado y por Jo conseguido. Así, y no de otro modo, deben considerarse las producciones dramáticas de Víctor Hugo. No se olvide la é Oca. que es facínr de- cisivo como elemento de juicio. La actualidad de los Grandes del Universo es eternidad; la actualidad del Grande de Europa responde a un período que pasó. Nadie será osado comparar las piedras eternas de los Faraones con los robledales y las rosaledas. Lucrecia Bcxrgia y Tríboulet. Engendrados por el mismo pensamiento, concebidos por igual idea, modelados cún idéntico propósito, Lucrecia Borgia y Triboulet son hermanos. Así lo reconoce y declara su prologuista y creador, que se place en señalar- esa fratei nidad espiritual. Lucrecia Borgia es la deformidad moral más abyecta, más repugnante, más coimpleta que puede imaginarse encerrada en un corazón de mujer dotada de belleza física y majestad regia. Triboulet, el bufón de El Rey se dtiñeríe, es la deformidad física, en grado máximo de fealdad y abominación. Un soplo redentor, un sentimiento purísiirio penetra en el alma de estos monstruos, los transforma, los realza, los dignifica y atrae liacia ellos interés y compasión. Por un latido de amor ma, terno se embellece Lucrecia Borg- ia la maternidad purifica la deformidad moral. Y por el entrañable impulso del amor paterno se agranda v se hermosea Triboulet; la paternidad santifica la íleformidad física. Así lo quiere y proclama Hugo. Y la Fatalidad inexorable, exaltada en hipereste. sia romántica, desculara la acción dramática. G e n a r o apuñala a su madre, a Lucrecia Borgia; Blanca, la hija de Trilwulet, se sacrifica para salvar la vid a de su amado, y muere atra- vesada por el hierro asesino que el ibufón pagó para acabar con el íRey. Víctor H u g o se propuso, firme y delíIK f CAlíLOS (A HElt- 1 í W x BKIí L K, SAN m H r a o (MBAI- r. KRO T UHrjO Df. f U