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Ya existe un punto de partida. Contra lo que se afirma por familiares, amigos y criados, quienes coinciden en ase. a: urár que don Luis no tenia enemigos, hay fundamento para suponer lo contrario. Prosigue, ptrcs, el Juzgado su labor; los testigos que en su primera declaración mostráronse reservados y temerosos, comienzan a concretar los cargos. Y hablan ahora de Santiago Bessón. ¿Quién es Santiago Bessón? El juez no lo conoce, pero alguien le recuerda que cuando él presenciaba la diligencia de autopsia penetró en la sala donde aquélla se verificaba un hombre misterioso, cuya actitud irrespetuosa ante el cadáver no dejó de llamar la atención. ¿Era aquel desconocido Santiago Bessón? Días más tarde, hace uno de los testigos revelaciones importantes al declarar que una hora antes de la en que se cometió el crimen vio cruzar por una finca suya a un individuo en quien reconoció a Santiago. Le saludé; por esto estoy seguro... El juez le llama la atención acerca de la gravedad de lo dicho, pero el declarante insiste: Le saludé, porque hace muchos años que nos conocemos... Llevaba una escopeta y vestía blusa clara y pantalón verdoso... Dos testigos más confirman esta declaración, pues lo han visto entre unos matorrales oróximos a la casa de labor del Sr. Marcellange. Se detiene a Santiago Bessón, contra el que tap jilarmantes indicie existen, pero niega en absoluto su participación en el delito. Usted ha servido en la casa de los señores de Marcellange- -le interroga el juez cuando lo tiene a su presencia. -Cierto- -responde- He sei ido y continúo sirviendo, porque las señoras... -Hablaremos más tarde de lo que usted desea decir- -le interrumpe, severo, el magistrado- Ahora limítese a contestar a lo que se le pregunte. ¿Es cierto que en alguna ocasión ha manifestado usted que era incompatible con su amo? -el detenido niega- ¿Tampoco es verdad que dijo cierto día que usted o el señor de Marcellange debían desaparecer? -No, señor; es inexacto. No discutió usted en el. campo con don Luis y llegó a amenazarle con la hoz? -Discutimos, en efecto, pero lo de la amenaza no es verdad. -Pues lo dijo su señor, y no es de presumir que mintiera. Hay varios testigos que lo afirman. Santiago Bessón sigue negando. Alude a la enfermedad que le ha retenido en cania mes y medio, v argumenta, con ánimo de convencer al juez: Estov convaleciente de las viruelas, señor. ¿Quién puede creer que un hombre en el estado de debilidad en que yo me encuentro salga de su casa para recorrer a campo traviesa los kilómetros que separan ¿Sabía usted que el señor de Marcellange había de firmar un contrato de arrendamiento de su casa y sus tierras al siguiente día del en que fué a. sesinado? -pregunta el juez, desentendiéndose del argumento, con visos de coartada que encierra la interrogante de Bessón. No, señor; nada sabía... j, No le indicaron a usted las señoras de Marcellange que don Luis proyectaba un arriendo, que nadie podía evitar, puesto que era el administrador, legal de los bienes del matrimonio y su divorcio- -el que solicitara su mujer- -había sido redhazado? Nadie me habló de tal asunto... Y rápidamente: ¿Sería por esto por lo que usted insinuó en una ocasión la posibilidad de convertirse en dueño de las posesiones donde como criado sirviera muchos años? Santiago niega y más tarde mantiene esta negativa en los careos a que se le somete. El rumor público le señala como autor d d horrible asesinato. Lo han visto algunos testigos el día del crimen en las proxiniidades de la casa de campo donde fué asesinado Marcdlange y coinciden en dos detalles importantes: la ropa y la escopeta. A los indicios de los primeros momentos sigue una prueba que robustecen, por días, las nueva. s declaraciones que se van recogiendo en el sumario. Este entra en una fase interesante con ía detención de Arzac, el pastor, porque son muchas las personas que le han oído comentar la muerte de don Luis... ¡Si yo hablase... ¡Si yo quisiera... Pero no quiere. Cuando el juez le interroga, niega cuanto le atribuyen los testigos, y frente a las afirmaciones indignadas de los que le oyeron opone una serenidad que asusta, -Usted me dijo- -asegura un testigo con quien es careado- -que Bessón le había ofrecido una cantidad por envenenar a D. Luis... No me lo negará... Y el pastor fríamente: -N o no lo niego; pero aquello fué una broma que le quise gastar... En otro careo le recuerdan que llevaba en la mano la cadena de uno de los perros de la finca del Sr. Marcdlange d día de autos, y niega el hedió con gran entereza... -i Pero señor, si yo lo vi! -afirma enérgico una pariente de este cínico... Todo es inútil. Decidido por la negativa, nada le asusta; ni aún la amenaza de un proceso con que se le conmina por falso testimonio, ¿Quién influye en el ánimo de este hombre ignorante y cerril para hacerle conservar su indignante actitud ante el juez instructor? No hay modo de saberlo. El sumario ha terminado con el procesamiento de Santiago Bessón. contra el que existen cirgos graves. Sus di- icusiones con mi domicilio de la finca de don Luis?