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destartaladas, tan poco confortables, que sólo yo, por mi cariño a esta, casa... Un fogonazo, Que brilló instantáneo en la ventana que a espaldas de don Luis se abría sobre el campo, seguido de una detonación espantosa, le impidió continuar. Púsose densamente pálido, se incorporó en el sillón y sin pronunciar una palabra ni proferir un quejido cayó de bruces sobre los leños del hogar. Cuando, pasados los primeros momentos de estupor, lo recogieron, estaba muerto. Confusión, muestras desgarradoras de dolor entre inútiles tentativas para reanimar al que suponían solamente herido... ¡Un médico! ¡Que traigan un médico en seguida. Habrá que avisar a la señora, pero lo importante es at 3 ender a esté nifeliz, que no da señales de vida... DeL agresor nadie- se ocupaba. A ninguno se le ocurría salir en su busca... Y merced a tal circunstancia, acaso sagazmente prevista por el asesino, se perdía éste en las sombras de la noche, seguro de la impunidad de su delito. Los datos que acerca de este alevoso crimen hemos consultado nos permiten asegurar que el sumario constituyó para el juez una labor delicadísima y llena de dificultades. Se daba el caso, en efecto, de que el señor de Mafcellange, separado de su mujer más que por diferencias de carácter por la invencible antipatía que a su suegro inspiraba, habíase- opuesto a la daiíanda de divorcio que, mal aconsejada, presentara su esjjosa un año antes, sin que la aceptase el Tribunal. Imposible, no obstante, la vida en común, era un hecho público la separación del matrimonioj ya que sin respeto a la resolución judicial, vivía la mujer con su madre y sus hijos en una capital a muchas l u a s de distancia de la finca de campo, donde don Luis, triste y amargado, paliaba sus horas de melancolía con los cuidados y preocupaciones que para él suponía el cultivo de sus tierras. Había, pUes, que descartar la intervención directa de la esposa y de la madre política en el asesinato, pero el odio que a las dos mujeres inspiraba, ¿no podía, aliado con el rqncor o con la envidia, ser en definitiva él motor, la verdadera cansa del sangriento suceso? Sabíase que amlias señoras recibieron con indiferencia la noticia de la muerte del: desventurado don Luis, y como, por otra parte, se recordaban por la gente del campo, y singularmente por criados y dependientes del matrimonio, las frases despectivas, los gestos burlones y la desdeñosa: actitud con que la esposa exteriorizaba a cada hora su desafecto al marido, cabía pensar en un interés inconfesable a cuyo servicio hubiese obrado, moviéndose entre sombras, el autor material, ¿Quién era éste? ¿Quién, en íntima relación con la familia, se hubiera atrevido No sólo no ofenden las manos femeninas, comp dice la frase histórica, sino que son un atractivo más. Manos finas, cuidadas, de piel suave y tersa: ese es uno de los fundamentales e n c a n t o s d e la mujer. Poseerlas no exige ni una atención fatigosa, ni un cuido constante. Basta con aplicar una fricción de CREMA de Miel y Almendras HINDS después d e lavarse y luego de haber secado cuidadosamente las manos. y í 3 ii