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SAX KOJiriER 37 Hu inquilino, que la arrendó ea 1923, sin qae desde aquella fecha la hubiese ocupado iiadie al parecer. La fachada principal no tenia nada de extraordinario, aparte de dos primorosas ventanas, abiertas sobre una portada, oid ierta por meritjsimas inscripciones de estilo árabe. Pero en su interior, especialmente en el prinier piso, coateaÍA primores, tanto en la decoración como en su BKAÍliarío. Una de esas habitaciones, precisamente, fué teatro en la noche del día 20, dos días antes de tjue el Wuüarao tocase en Fort Saidt tma escena, por presenciar la cual huKera ebdo Dawson Haigr unas cuantas pagas. Esta espléndida pieza, de forma rectangtdar, estaba en su casi t (katidad entarimada con maderas finísimas, brillantes como espejos; distribuidos sobre el lustroso suelo, podían verse maravillosos tapices orientales de valor ineaJcuIable. O a o de los extremos de! salón, cuyo desnivel con el sudo formaba una especie de plataforma, tenia el píso de mosaico roníticoíor. Aquef rincón hallábase rodeado de lujosos divanes, ctíl ert s íe almohadones ríqttísímós en cuyo tapizado abundaba el oro y plata, entremezclados con sedas de maravillosas tonaKdwfcs. El fondo estaba divíitido por dos celosías, que correspondían a Jas dos ventanas que jimos, adornando la fachaefci. Do lámparas de brotjce catado, pendientes del tetíjo, iluminaban la estancia, cuyo resto aparecia sencillamente amueblado a estrío árabe. Bajo la luz proyectada por nfia te las lámparas colocado en lo tte pudiéramos llamar estrado, se veía una mesíta d té. y moj cerca de efía, hundida materialinente entre cojines, e s t r í a FIop de Azaíhar, vestida, o por mejor decir, envuelta en una transparente túnica dé seda rosa: crúzala las piernas al estilo árabe, tenía los pies desnudos y sus uñas pulcramente cuidadas y teñidas de im rojo coral, brillaban como esmalte. Fumaba cigarrillos y bebía un exquisito té. en una taza de porcelana. 13 choque suave de ésta al p sarse sobre la bandeja y e! frou- froa d d vestido de seda era lo único que tnifeba el siíencio de aquel recinto, semejante a un hdto país de abanico... E r a n ya erca de fas doce de la noche, y el pintoresco tráfico de la t í c a calle en qtie ef edificio se levantaba hal: a cesado por c npIeto. cerra fas ya las tiendas, principal atractivo de aquellas vías, las dejaban desiertas. Muy raras veces después d e estas horas se (Asm jrasos en 1 arb el Afemar. Cerca de la parte central del salón, cuyos tnuros se decoraban co trabajos primorosos en madera, un incensario die a t a graades propíM eiones, eiiiíataba constantemeBÉe rmbes d e lirnno, oe perfmnaban la estancia con tm suave olor a ámbar. Pesados cortinajes p a r a l a n deí resto de salón el recinto foraiado por d estrado, que coronaban las ventanas; y tres puertas que había en la sala estaban ccrra fas, A pesar fe eJk una leve brisa, qae debía penetrar por las rendí ias, empújate nacía tm lado et Ihono del cigarrillo qiM consumía voluptuosamente Flor de Azahar, y el vapor onátrfanté, que se elevaba desde el iñcensárít ccm lo que la atenósferá se ha áa irrespirable en gracfo smno. El típico picaporte de una de aquellas, puertas se alzó suavemente. Y al franquear la entrada, la imponente figura de Yw an Hee See áe ü- guió ante ella. Llevaba, el chino otro batín, también azul, igual al que le vimos puesto en Lioidionse, tn la oficina de J o Ltm Cerró la puerta tras sí, pase ido la vista por la estánd FtorttáHa- -dijt y so voz resonaba de un modo extraño en aqud salón c a vacío- Amas el perfume de H o Nan. A mí también me encattta, peix abusas de á La nrnjer frunció eí ceño, dejando d cigarrillo en tm hffui de. bronce de estilo chino, que utilizaba como cenicero y que estaba encima d e la mesita que tenía ddanie. N u n c a pue hacer lo qtte me gusta! -exdamó coa enojo- Desde que me sacaste fe China, no sé lo que es feEcidad ni alegría. M e smnergiste en las nieblas de Ing terra, qué me. hoáan toser y morir de frío... xSienqwe tedét frío? Me Beyás a Pañis, y coando menos lo espeto, tenemos que fmir, violados. Todo d mundo me náraba como a un bidto raro... Siempre Opftltos, espiadcK; persegiódos! Estás maravillosamente vestida, -Me es indiferente; ¡me encuentro tan exli- aua con attnetíos vestiík Sólo me gusto vestida üsí... como estoy dior f í diciendo esto, levantó cuanta pudo 1 Í bnazqs en ademán de danza, librándoles por cotuj c- to de la tniáca d e seda y repiqt eteand si dedos aiibtdos, 1 utia súbita explosión de alegría- -Aquí e b l i p t o todavía tengo frío- pero d perfume es ardiente- parece que acaricia... y G h n i hace el t e exquisítaniente... Dejó caer los brazos, y. elevando las rodilfas, tas oprimió con dios. Parecía una extraña u l i na, t a d a en marfil Sus ojos, admirables, bban la sensación de un tamaño excesivo para su ara menuda, y sus apenas acusadas fectíones. Y aíiora, Yti an Hee See, mi dueño y señor, ¿qué vienes a dedrme? ¿Es que tetemos que embarcamos, encarcdamos en tm tren o sentir et v Vtigo de ten aeroiáano? tOPí! Afeo de esto leo en tus ojos. Yu an Hee See la Contempló s a n r i -Efectivamente moñeqaita; hexna d e i r más lefos tirfavía: pero éste es na viaje que te agradará, a mieRC que- -seas tan dichosa en casa Asivámi P a s t e que sientas nostalgia de dejar M Cañro. -T e i o pocas simpatías por Aswami- plic d b V menos por E l Gsiro. ¿Vamos entoa: es a Arabia? ÁIK, por lo menos, tengo mis. criados, mis CGTOO dbáes- i- AI aORnecer, Flor de Azahar- -dijo Ytran Hee See, aproxúnáodc e más a dbr- Tienes la noche entera para haWarme, para eniíl H jarBK coa ta beSeza, para hacerme Ror completo t escíávo. lEífo stmrió, nñefriías éí se indinaba, e m b d e a lo, besán k) la en los ojos amorosamente... Biep sabes que te amo, Yu an- -uiurinuró. -lEmpiezo a creefto, al íwer q e m e s ues a través- del mmido. -á Seguirte? -Al ffiw veces fuiste libre, si hubieras querido.