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f 31 serablé. Su mirada vagaba por todas partes, sin la calle, y en los divanes que circuncfeiban la hadetenerse en nada especialmente. Su pelo era fos- i) itación veíase alineada una extraña asamblea. co y los ojos de un azul claro. Por las trazas, poEn el centro de Ja sala, en el suelo, había una día, ser alemán, awíque, en realidad, era esco- caja abierta, de botellas de champagne y la estera cés. La barba crecida le daba un aspecto de fa- estaba materialmente cubierta de papelitos color cineroso; pero a no ser porque constaaitenfcnte de rosa. Sobre una mesa de mármol, había una pedía más brandy, su presencia en aquel lugar infinidad de botellas: de tvisky, brandy, ginebra, ajenjo y hasta de aguardiente azucarado. Cajas hubiera pasado inadyertida. E 1 rozar de las babuchas del mozo árabe y al- de cigarros, abiertas todas ellas, yacían tentadoguna que otra palabra de cortesía, cambiada en- ras, sobre las mesitas colocadas ante los divanes. tre él y la matrona del mostrador, era lo único El ambiente, impr tfado del humo del tataco era que restaba monotonía a aquel discurso (al pare- espeso, casi irrespirable. cer, en ruso) que dirigía a su devoto auditorio En grandes vasos de los de cerveza, servían por si nii. smos, los invitados, mearlas convenientes, seel hombre de la niesa de los comunistas. -r Ajqüt no se advierte nada de particular- -di- gún sus gustos, de todas las bebidas allí expuestas. Por medio de varias puertas que estaban cujo Itewson Haig. -Aquí nunca ocurre nada- -replicó Mr. Bailón, biertas de pesados cortinones distribuidas a dispolicía parisiense- Si se trama algo, es para po- tancias estratégicas, se ahogaba el griterío armanerlo en práctica fuera de París, donde están me- do por aquella gente, a fin de que no pudiera ser percibido desde la planta baja. aos vigilados. Cuando entró el honibre gordo, con su pipa en iEl escocés sacó del bolsillo usía mano nudosa, golpeando la- mesa. El árabe surgió de su escon- la mano, sus aires de maindo y saludando a cuantos ocupaban la ala, mirándoles con sus ojos ledite. gañosos, la asamblea en masa prorrumpió en gri- Brandy! tos y aclatñaciones, pintorescas y salvajes. Le sirvió solicito, y mientras ponía más coñac- -i Mac! ¡Mac! i El viejo picaro! ante el cliente, deslizó un papelito verde, parecido ¡Hurra, Mac! a un billete de autobús, sobre la mesa. El bonibrón -j Ya llegó Mac! lo cogió ih taiTtáneamente, bebió su brandy de ¡Viva Mac... un trago, y levantándose, se dirigió a la escalera; El recién llegallo parecía abrumado de tan subió apresurado, alzó la cortina de la puerta de entusiasta recibimiento. Se apreciaba a primera arriba, y desapareció... -ijAjajá! -exclamó Dawson HSaig- ya nv vista el lento trabajar de aquel cerebro atrofiado. Quería, sin conseguirlo, encontrar entre aquella pieza a ocurrir algo: no se ha fijado usted? borrachos, persona. -Sí. -íiijo su compañero- Pero es eso que lé horda de descubriendoa a una determinada buscaba, Por fiíK quien sin duda dije a usted antes. Aquí hay otras dependencias. se dirigió a prisa por entre aquella turbamulta Seguramente, unos cuantos locos de esos están j- e- hacia; vm diván turco, colocado entre dos ventanas, unjdós en cualquiera de ellas, discutiendo la situa- en el cual había un hombre tumbado en soberano ción de Rusia, ó algo por el estilo. El bebedor de aislamiento y estudiado abandono, brandy hz: láa a reunirse con ellos. Era el tal individuo un almibarado mozo egip- -Es posible- -mürirjuró el otro- pero me hu- CÍO, con cabellos negros alisados y largos ha. sta biera grustado mucho echar un vistazo al papelito los pómulos. Pulcramente afeitada la aceitunada verde... por si acaso. faz y con unos dientes blanquísimos, poseía na Mientras esto decía, el portugués dando unas extraorditiaria belleza varonil. Un turbante escarpalmadas, pidió al mozo cigarrillos. Y cuando el lata, yada junto al sitio donde él i- eclinaba mueárabe regresó, lai papelito verde, idéntico al an- llemente su cuerpo entre irifinidadde cojines multicolores, y en el suelo, a sus pies, se veía ana terior, acompañailja lo pedido. El cliente dio visibles muestras de sobresalto carpeta, como una- valija de diplomático, rejileta, al verlo y pareció querer interrogar al mozo. Pero al parecer, de papeles. Hola, Mac lies- -dijo en inglés el egipcio diel otro, sin fijarse para nada en él, dio media vuelrigiéndose al recién llegado. ta, dirigiéndose al lado opuesto del local. -Llegas retrasado: tú y otro que falta, sois los El hombre moreno se levantó, guardándose los cigarros en el bolsillo, y dirigiéndose a la es -últimos en informar, Y al observar aquel labio superior, caído bajo caleraj sul) ió. desapareciendo por donde el otro el peso del bigote, pensó para sí: I. 0 único que lo ¡hizo antes. ¡Hktmi! -gruñó Etevi soin Haig- otra casua- tú. vas a hacer es desesperarme AI diablo con el trabajo- preplicó el otro en lidad. Tan poca iníportancia cómo da usted a todo esto, y yo renunciaría gustoso a un año de im grosero escocés- no he ví. sto ni una j día, ni paga por presenciar esa reunión de que hablaba he probado la sopa desde ayer por la mañana y- de Calais aquí, he venido andando. usted antes. -Algo habrás tomado abajo. -Sí; he hshiáo brandy. III- -íAsí estás tú! -y el egipcio sonrió- Sin ssniíbargo, la última vez qtie nos vimTO, te dejé Efectivamente, ahora vamos a presenciar la re- la bolsa bien repleta, Mac; y si ahora está vacía unión que Se celébrala en im gran salón, dos pi- sólo tuya será la ulpa. Pero. -dijo, mirándole sos más arriba, del resfwtrant- Suleiman JBey. Pe- con malicia -pronto la tetidrás llena otra vez. Ensada, s cortinas cubrían las ventanas que aban- a séñame tus papeles y haré que te den de cenar. SAX ROHME