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26 LA EISA DE Y I A N H K E SEE Ya pen- sé en eso, Matt. El sargento detective Jeíe a quien oíste reír, Miatt! ¡Al ratón King! Siu duda la identificación que yo no Imbía con- Durham va en el WiaUaroo hasta Marsella... seguido, la has realizado tú. Aliora ya sé contra- Hombre, me alegro- -dijo Kearney. uién tengo que entendérmelas... Haig, mirándole fijaníente, observó: No te comprendo todavía... -El elegante griego aludió al establecimiento Vov a tratar de exfdicarme claramente. Pue- de Stamboal... Ya babe que allí está seguro. Hado ya confesarme contigo, ahora que sé que te- cer justicia en Stamboul es más difícil que eiicannía razón. ¿Te acuerdas que hace un año, próxi- trar na mina de oro en Shoreditdi. Pero la ramamente, hice yo un viaje a Singapoore Pues ma de Staniboul, c mo la de Limehouse, no se fui siguiendo lUna pista, con grandes esperanzas dedica sólo a negociar con objetos robados ni a de triunfo gersegitía a una banda formidable de traficar con estupefacáentes; no lo creas. El martraficantes en drogas, y sabía (anota este extre- qués está interesado va un tercer negocio... Iiasamo) que J o Lung ra uno de los del grupo. Co- do tal vez en Stamboul, aunque no lo creo promerciaban en objetos robados y otros negocios bable- -recalcó Haig con misterio. por d estilo. ¿Adivinas adonde se dirigiermí? ¿Qué quieres decir? preguntó Kearney, ya fCearney negó con la cabeza; escuchalm atento. nervioso. -i A la villa, mejor dicho, al palacio en Yohorc- ¡Esclavos! -replicó Haig- ¡Yu an Hee See Bahru del marqués de Yu an Hee See, ex almi- es el más fuerte traficante de esclavas de totlo el Oriente! rante calino! -Pero n o quieres decir que él, -S í lo quiero decir y lo digo- -prosigaiió Ifeig rápidamente- se negó a recibirmie. Un almibarado secretario me infofjnó de que su Excelencia CAPITULO V I H había salido dos días antes de Singapoore. Lo lanientaba sinceramente. Como es lógico, no me quédala otro recurso que creer el em (I uste y nmrLA CAB. ÑA CÍIRCAIÍA A BOULOGNE chamie cómo había venido. Esta: ba patinando sobre hielo finísimo, y lo sabía. ¡Estaba seguro. Matt... com etamente seguro! Y al fétífarmé de allí, oí que alguien reta. S i! Reía cíe un modo insoportable, indefinible y aspantoso. Entonces recordé algo... El marqués recibió un tiro en la Elena, que se había dormido ligeramente, se garganta preci- samente cuando efl íeyantamiento despertó sobresaltada. ¿Qué era aquel crujir consdel viejo régimen, bajo el oual él ocupaba el car- tante de ruedas y cadena. s? El terco vibraba, las go de almiira té de la flota. La bala afectó princi- sirc- tias pitaban, ensordecedoras. Por un momenpalmente las cuerdas vocales. ¡La risa increíble to, sintió pánico. ¿Qué ocurría? jEtónde estaba? que yo acababa de aír era la risa de Yu an Hee í Ah, qué alucinación! Estaban zarpando. AmaSee! necía... Saltó de la cama y miró a cubierta: no había Maít Kearney dio un brinco. nadie. El lúgubre panorama del Támesis se des- T- ¿Quieres decir que? -Digo que Yu an Hee See es el Gran Jefe. lizaba en aspecto desolador. Las cliimeneas de las ¡El Ratón King! Y que esta noche estaba en casa factorías parecían rozar a iud. cielo grisáceo; edide Jo Lung. El iibritp de notas que tú recogiste ficios negruzcos, indistiTiguibles... Fango. Gasó ¡era el myo! Mira en qué forma lo ha reco- metros... mis gasómetros... Un momento permaneció así: lloviznaba. Un brado. hombre, calzado con botas altas de cuero, pasó 7- -Pero dime: ¿qué ocurrió en Sisigapoore? Diawson ¡FEaig a r ó su tmsky y se enc ió de ante el Camarote; un silbido estrepitoso hirió sus oídos. Todo aquello era harto desagradable: cehombros. -A mi regreso de Yohore Bahru- -replicó- rró el portillo de un golpe y se volvió a la cama. f üí atraído ingeniosamente a lo que Ikman los tíhiLa esplendida caja de pitillos que le trajo ños el Baño de Plumas ¡Eso es todo! Dawson Haig estaba allí, en una repisa coloca- -i Baño de Plumas? da sobre su cabeza. Ejttendió el brazo para al- (Exacto, Kearney! Es demasiado tarde para canzarla, sacó un cigarrillo y lo encendió. Sentaentrar en detalles. Fué incidental y logré salir... da en el borde de la cama, con las manos cruzaPero no podía haber relación niíiguna entre aquel das sobre la rodilla, quiso tranquilizar sus nerintento cobarde y mi viülta al marqués. Hice el vios. El lemto girar de la hélice, unido al estrépito ridiculo, amigo tiiáo; el ntós espantoso ridículo. de las cadenas ai levar anclas y el resoplido de ¡E 3 jefe me puso de vuelta y media! ¡Y ya ves las sirenas; todo hacía experimentar una sensasi era buena la pista! Yu an Hee See estaba esta ción de seguridad, que logró, al fin, tranquilizar noche en Limehouse, Yu an Hee See ha dirigido a Elena. Miró su reloj pul. sera, que había cold asesinato del desgraciado Norwich. Ahora com- gado de un clavo junto a la cama, comprobando, que no eran horas de estar despierta. Pero era el, prendo por qué le oíste reír... j Gran Dios! H a i g! Una idea: ¡lia debido ca. so que estaba desveladísima. Sin embargo, como su cigarrillo se iba acabando, formó el deciembarcar en el W- allaroo! Dáwsdn Haig movió la calieza en señal de dido propósito de dormirse en cnanto se terminara. duda.