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AX KOHMER 21 se precipitó en la estancia, d ga en mano. Pero por muy rápido que ñiera su niovimienta, el del íiionstruo lo era más. Aquel horroroso fantasnuí se coló como na sombra por la puerta del donniíorio. Haigr respiraba triunfante. La hoja de la daga atravesó completamente el paño inferior de la puerta, que el aioastruo empujaba por el lado opuesto. Haig- apretó con todas sus fuet zas, esperando encontrar resistencia; no piKÍo extraer la daga, pero ya estaba fuera de sí. La puerta cedió y él se precipitó Con ímpetu, yendo a caer de bnwes en mitad de la alfombra del dormitorio. A pesar de todo, se levantó instantáneamente, arrojándose sobre el interruptor. ¡La luz! ¡Pero en la alcoba no había nadie! Echó na ojeada al armario, comproljando que estaba cerrado. La ventana, abierta de par en par, ílescubría, enfrente, ia pared lisa de una casa vecina. Se asomó, y después de mirar el patio desierto, vio, trepando por la pared, algo así como un gato enorme, que apenas se dio cuenta de su presencia, ya había desaparecido... Reaccionó y ¡volvió a sentir las náuseas d e repugnancia que experimentó a la vista de aquel ser asqueroso y terrible. Hubiera apostado cuanto tejiia sobre ía imposibilidad para un ser humano de trt par en aquella forma por la fachada de l a casa, y. sin embargo, acateba de presenciarlo. No creía capaz de ta! proeza ni al más audaz ladrón. Le obsesiónate el recuerdo de aquellos ojos... J) n ilantes... hundidos... IndudaWemente, se! e para excitar sus instintos san inarios y aífudla pasmosa ligereza de movimientos y aquel brillo (Te los ojos, debíanse ta! vez, a alguna drosra exótica o preparado indio. Retrocedió hasta la mesa de e. scritorio, dando un Dorrazo fonnidaMe con los puños crispados. i El librito de notas había desaparecido? CAPITULO VI -Pueden haberles cogido ya. Vibró el timbre sordo de un telefona Yu an saltó sobre la mesa, cogiendo el auricular. ¿Sí? La voz refinada d d g r i o se dejó oír. -Se not algún movimiento- -informó Poíodos, -Espero que no haréis más estupideces. -Shan dice que el grupo que salió de Leman Street abandona ahora Linieáiouise, dirigiéndose jiacia acá, ¿Qtté órdeHáis, señor? Mientras todo se arregla, yo voy a unirme a J o L m Ccano esta noGbe no habrá naví ación, Jiarewios el viaje i) or mar en mi gasolinera. 4 Es, tás al tanto de lo que debes hacer -Completamente, Excelencia. ¿Dónde debo én 4: ontraros? -lEn Trieste, el jueves por la mañana, en el sitio de costumbre. Ya an colgó el auricular. ¡La policía! ¡Estaba segura! íritó la mujer, saltando de su asiento. Yu an se dirigió a ella: Para ti- -dijo suajvemente en chino- la policía ccmstituye una pesadilla. Cualquiera creería fiae la temes. Y esto no es halagador para mí. Su voz alcanzó la nota máxima, pero había diicho las iíltimas palabras casi con dulzura. Flor de Azahar, que así se llamaba! a mttier, aumentó sü natural arrogancia, desafiándole, annqtie aquel alarde de desdén, que tan bien le sentaba, resÍKiló por su figura toda, Ip mismo que su abrigo de armiño se había deslizado desde sus homr ¿ros, hasta posarse sobre el respaldo de la silla que ocupaba. Mientras el corpn! ento dhinó se dirigía amoroso hacia ella, Flor de Azahar retrocedió hasta la puerta. El sonrió, y desviándose a tm lado, dejó caer el batín azul, qtie colocó eii un armario, vistiéndose el pesado abrigo y cogiendo el flexible negro de sobre la mesa, tonió del brazo a Flor de Azahar, diciéndole: -Ven: vánjanos. Jo TJang nos espera. F. í. VIEJO TiAMESIS II Imperaba- el silencio en la oficina de Jo Ltmg. f l o r de Azahar fumaba sin cesar cigarrillo tras cigarrillo. Yu an medía la alfombra, paseando con su caima acostumbrada, Nos van a cazar, Yu an- -se atrevió a decir ja mujer- Pero, ¿qué es lo que esj) eramos? -Polodos vigila; nos avisará a tiempo. -Pero Alí o La Serpiente han febido ser des cubiertos a su regreso... Vu an contempló a su interlocutora a través de sus ojillos entornados. Entonces, extendiendo su mano blanda y amarilla, cuyos dedos terminaban en afiladas puntas, señaló el gran escritorio. Detrás de éste; y en la pared donde estalm el aparato receptor, se veía una bombilla encendida. Mientras veas alumbrar las litces azules, no temas nada- -contestó desdeñoso- -i; no podrán co (gerlos. El inspector Eddy, de la delegación de Leman Street, haba situado sus hombres cuidadosaniente. Ni un ratón podía entrar en los dominios fe J o L u í sin que a o n o de ellos l o v i r t i e s e Uña vez tomadas las posiciones estrat icas, dijo Eddy ai sargento detective que le acónípañaija: ScotlarKÍ Yard está en la creenda de que el asesino vendrá a refugiarse aquí. Si es así, no podrá escapar. Lo que yo quisiera son sus señas personales... ¿Cree usted qtte será J o Limgr? El otro movió la cabeza negativamente. -tXo creo que sean de su incumbencia tales asuntos, in. spector- respondió en tono confidencial- J o Lung es tm comerciante fuerte y deniasiaílo vivo para arrie íarse en n o c t o s de est a índole. -Yo, la verdad, no veo ninguna clase de relación entre la muerte dd pobre Norwioh y! a casa