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rio, después, sino que también producen encima un beneficio momentáneo para el prestamista y constante para el prestatario? Se dirá que esto ya no es obra del dinero... sino de la naturaleza. Hoy sí que no hay economista serio que no sonría al oir este razonar falso. -En efecto. Si quisiéramos hacer valer semejante argumento, a su vez podríamos volverlo contra el mismo prestatario explotador de esa naturaleza viva. Que no se trata de una naturaleza muerta, inerte y pasiva, sino de una naturaleza viva, fecunda en sí misma y activa! Luego e! explotador de ella tampoco debiera usufructuarla con beneficio o superávit, aparte su trabajo personal... sino todos o ninguno. ¡Véase la consecuencia! Y si se replica que el fruto, o los frutos, pertenecen al dueño o propietario, siempre será verdad, asimismo que la propiedad originaria del prestatario, sin la cual no se da íu. posesión, al prestamista se debe. Del mismo modo puédese argumentar con respecto a los medios de producción como son, por ejemplo, las máquinas, los instrumentos, etc. i Qué duda cabe, ni quién es capaz- de discutir hoy la enorme diferencia que va del trabajo a mano al trabajo realizado por medio de aquéllos? Y cuenta que el o b r e r o puede, a veces, ¡imitarse a mover simplemente una palanca. ¿Diremos, según esto, que a él personalmente se debe toda la producción? ¡No, de ningún m o d o! Afirmar- que el trabajo es (hoy) la única fuente (originaria) de la que procede la riqueza de las naciones arrancando materialmente un texto a la luminosa y sapientísima Encíclica de León X I I I y falseando su interpretación... es sencillamente un desatino. La naturaleza como el trabajo y capital (tomado éste en su verdadero sentido, además, y no confundiéndolo precisamente con el dinero, como hace el articulista) son tres factores de la Producción ¡N a die a estas alturas puede discutirles ese título! P e r o resulta que el dinero (a! menos en la Organización capitalista de la actual Economía frente a la tesis socialista) tiene una relación directa con aquellos medios de producción o capital mencionados: la de dar la propiedad originaria al prestatario. Y si éste no produce luego, con su trabajo personal, según acabamos de decir, todo cuanto aquéllos rinden, ¿sabrá decírsenos por qué razón contundente no ha de ser legítimo el préstamo a interés i Otra cosa es condenar la usura o el interés usurario! Mas como aconteció que ésta siempre procuró practicarse por los avaros prestamistas, por eso nada tiene de extraño que los Santos Padres de la Iglesia y los Doctores tronaran contra el préstamo a interés Y por es. to es (y por cuanto el doctor Santo Tomás tampoco puede ser tenido, que yo sepa, como una autoridad aplastante en materias de Economía) por lo que nos viene a pelo traerlo aquí a colación en confirmación, nada menos, que de aquella tesis o propaganda socialista (que dice el autor) exaltadora de la eficiencia del trabajo en la producción, que ha impuesto a todos la doctrina aristotélica y católica y que durante algún tiempo se tenía por absurda y opuesta al llamado progreso de ¡a Humanidad Y nada adelantamos ciertamente con decir que el dinero es un simple instrumento de cambio Pues aun en este supuesto, faltaría d e m o s t r a r i. Si el simple cambio no puede representar nunca un beneficio 2. Si el cambio por dinero no lo representa. 3. Si el préstamo a interés es, o debe considerarse, como un simple cambio. P o r nuestra parte creemos evidente que el préstamo a interés para la adquisición de medios de producción cualesquiera, puede representar, y representa en general, un beneficio para el prestatario. Y ahí está, precisamente, la clave del enigma que no acaban de comprender estos demócratas socializantes: Que antiguamente el préstamo se concedía preferentemente para el consumo del necesitado; ¡en tanto que hoy día se destina generalmente a la producción! i Cómo, pues, negarle una participación en los beneficios de ésta, si es por virtud de él por lo que se adquiere la propiedad inicial de los instrumentos de la producción P o r tanto, el dinero, en la obra de la producción moderna, por su relación directa con los medios de la misma, representa justamente un capital activo, que juega su papel al lado del trabajo, material o intelectual. ¡Justo es, pues, que obtenga un pequeño beneficio! Pero que no se confunda esto con los abusos del capitalismo, y se lancen lue. go, bajo capa de una democracia social mal entendida, teorías subversivas netamente socialistas, o que muy bien pueden ser adscritas al s o cialismo. -J. Conde de Rosaleda.