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U MISIÓN HISTÓRICA DE AUSTRIA Causas por las que es preciso respetar su autonomía y su independencia Por BENITO MUSSOLIN ocho o diez razas que lo componían. Hacía sentir su influencia sobre todo a través de su gran centro, Viena, aunque también experimentó las influencias eslavas, magiares y latinas. Por consiguiente, el primer deber histórico de Austria es seguir su labor de antaño bajo otras formas adecuadas a la nueva situación que ha cambiado en el lado político, pero no en el geográfico; debe filtrar y medir la cultura alemana con el fin de hacerla tolerable y llevadera a los países de los Balcanes y del Danubio. Uno de los deberes del espíritu austríaco en todas sus manifestaciones, desde las políticas hasta las literarias, puede ser la eliminación, en el concepto alemán de todo lo que hay de exclusivo, -duro y repulsivo para los demás pueblos. Al mismo fi empo, Austria puede ser el instrumento más apropiado para los contactos entre la cultura naciente en la cuenca danubiana y el mundo germánico. Surge la secunda misión histórica de Austria del catolicismo tenaz y tradicional de su pueblo. Hablar de Austria, es hablar de catolicismo, pero de un catolicismo serio, fiel observador de los preceptos de la Iglesia Gaíólica Apostólica y Romana. Durante el Imperio, el catolicismo parecía más bien una cosa formalista y ligada a la necesitlad de una política; d catolicismo austríaco de la postguerra es una fe sentida que tiene sus raíces en el alma popular. Los grandes cancilleres de la República, Seipel y Dollfuss, eran fervientes católicos- -el primero incluso ob spo- El actual canciller, Schussnigg, es un católico recto que no trata de ocultar sus convicciones; ello le hace honor y demuestra sii carácter inquebrantable. Vista desde Roma y desde el punto de vista religioso, Austria semeja una gran fortificación del catolicismo en medio de la cuenca del Danubio. La o -todoxia eslava y la religión refbrmada alemana tratan de sitiar este fuerte. Y al defender las posiciones extremas del catoltN las referencias publicadas sobre mi reciente conversación en Roma con el canciller austríaco, hacíase mención de la misión histórica que Austria ha de cumiplir, y en virtud de la cual deben respetarse su autonomía y s. u independencia. Estas referencias causaron cierta impresión entre los austríacos mismos, muchos de los cuales, después de la catástrofe. de! Imperio, no creían que su nación sobreviviría y hasta tendría un por enir. ¿Tiene entonces Austria una misión histórica que cumplir, a pesar de no ser ya la cabtíza directriz de un Imperio que en sus mejores tiempos contaba con 52 millones de púbditos? La población de Austria no llega hoy día a s ete millones de habitantes, pero trátase de una nación corapactav desde el punto de vista étnico, si exceptuamos a Viena, que, como todas las grt andes caipitales del mundo, es una ciudad esencialmente cosmopolita. Por otra parte, un pueblo puede tener una misión que cumplir independientemente de su territorio y del número de sus hab tantes. Al hablar de misión histórica me refiero a una niísión que dura a través de los siglos con resultados de orden, no solamente interno, sino externó también. Entonces, ¿en qué consiste actualmente la misión histórica de Austria? Con el fin de contestar a esta pregunta, empezaré por anticipar que Austria es un país germánico: tan germánico como Prusia, cuyos orígenes son eslavos severamente germanizados. Nadie puede negar el carácter germánico de Austria; pero los aspectos y expresiones, la manera de vivir misma del germanismo austríaco son diferentes a los del germanismo pruso. Son dos mutidos que durante los siglos pasadps giraron alrededor de órt bitas diferentes y hasta se encontraron en los campos de batalla. Lá Austria germánica actuó durante el Imperio como fuerza, mediatriz entre las E