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S í! ifm, i t a z sentim tai. Sentía en 1 corazón supOnáa bieií rq leta. Pero, ya en la casa, cjertos éstimidos atados. qj ¿id 6 coíazott ireádido én l i s gracias láandrin atacsá a ios viajeros, y lefe Jes- adorables de Isabel la hija del recaudador. bji ¿ia de sus bienes. IR obawi a iene se P o r primera vez, éí aventurero sintió qué fialúan enriquecido explotando a los misét el amor veraís et) c n (Ua en su ahna la llarabies, f le regKtntta a éstos los gajes hur- ma doanináiite. Isabel, valerosa y bella, tados. Saqueaba sfrañjas y quinteros; asal- Compartáá con I bandido acpiel generoso, taba mansiones nien i st cidas. Capitán vagíj y amplísimo ideal de justicia que le de bandoleros, contaha con una hueste de arrástíaba a él hacia la quimera de las secuaces agiKrridos y temerarios. Por do- aventurasí. quiera qtite pasase eía, a la ¡vfez, temido y U n bandolero enamorado no es ya más veirerado. que medio bandolero. Por primera vez sinEnardecido por sus pr ios triunfos con- tió Mandrin la tentación hogareña, la sicibió n día al arriesgada idea de aipoderar- rena astuta- de la vida quieta. I ecidió abanse de la ciudad de Beaune. Para ello adogp- donar su vida de bandido ¡para ser digno tó falsamente el uniforme de la Guardia de la bdla: Isabel. Real borgoñona. Y a en la ciudad, tan fip o n tales propósitos, no vaciló en esnanciero como estratega, se disptKo a ro- cribirle al Rey ofreciéndosele, con su huesbar al recaudador de impuestos, cuya caja te, para laborar y combatir por la Nación y la Paitria. Desde la seguridad de su trono, el Rey contestó declarándale a él y a los stíyos íuera de lá ley Desesperado, M a n d r i n comprendiendo que era inútil la pretensión de torcer y desviar su destino, se sometió a él, renunció a sus ensueños de felicidad honesta, y de tíuevó partió a la gran aventura íle su vida. Pero antes, favoreció largamente, con generosidad magnífica de bandolero invencible, a cuantos le habían ayudado. No se olvidó en el reparto de sus mercedes, de la Isabel de sus amores, a la que dejó prometida de un bravo mozo que la cortejaba. Este es el episodio de la vida del bandido escenificado en la opereta Mandñn, montada suntuosamente, con riqueza espléndida, en el Mogador. Son autores del libreto Román Coalus y Andrés Rivoire, y de la partitura, José Szulc, de cuya música, en esta obra, ha escrito la autoridad de Vuillermoz: José S; z; ulc se ha esforzado, respetando las normas de estos: teatros especializados, en no tínitir más que ideas sinvples y vulgares. Lo ha logrado de ijianera tan calmil, que no dejará de reprochársele su lamentable ausencia de originalidad. Otro critico, Midrel Duran, después de afirmar que en el M o o r teatro de familia, se presentan espectáculos en los que, generalmente, el buen gusto está reemplazado por la nwrtvificencia escribe, z. prqjósito de la música de Mandrin: Ko soy- -tme apresuro a decirlo- -entendido en música; pero como la música de Mandrin se dirige a los que no entienden nada y cuyo gusto es fácil de contentar, hallo mucho menos escrúpulo en declararla detestable. Ni uno ni otro dejan, sin embargo, de hacer constar que él éxito obtenido ha alcanzado considerables proporciones. Tanibién ha sido muy satisfactorio él logrado por Josefina Baker al iniciar nuevas actividades artísticas interpretando la ope reía, de Offeabach, La Criolia. No e? preciso insistir ahora sobre el libreto de esta obra. Según el viejo estilo de las atrtigaas operetas, su trama se teje